domingo, 25 de octubre de 2015

Las diosas de India.















Las veo caminar, las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de 
acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren o en el mercado sucio de la plaza. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas. Más del 80% de la población India es Hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido, casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este Dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con esto desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie. Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina.
India es gigante, imposible conocerlo en 30 días de viaje. Pero al menos pude llevarme un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai. Recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional. Esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trató el viaje. De eso se trata esta crónica.
Aún hoy, son pocas las mujeres Indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados? En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1.1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Si no funciona el matrimonio a la mujer le quedan dos opciones: ser infeliz para toda la vida o divorciarse y ser considerada menos que un ser inferior. La gran mayoría decide ser infeliz. Elizabeth Bumiller, autora de ¨Serás madre de cien hijos¨ cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque este le proveía de comida y ropa y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba. En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y  a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros, brilla. Ella está preciosa, decorada desde la cabeza a los pies. El marco que la rodea es perfecto. Los templos son una representación del pensamiento de los Chandelas, reinado entre los siglos X y XII, que quisieron hacer honor al libro Kamasutra, escrito por  Vatsyayana en el siglo III d.c,  dejando grabado en las paredes figuras eróticas. Hoy día, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época. Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no rimaba con culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.

La mañana antes de irme de Khajuraho mientras desayuno en el balconcito de la habitación descubro a una mujer en la terraza de la casa vecina. Ella no sabe que hay alguien observándola. Por un largo tiempo no hace más que amasar, moldear y hornear pan. Hace su labor con esmero.  Lo disfruta. Sabe que con esos chapati va a alimentar a su familia y los que sobran seguro que los vende para comprar más harina o arroz. Parece tener una vida sencilla y austera. Se la ve feliz. Y acá surgen aún más dudas. ¿Qué es la felicidad para estas mujeres? ¿Por qué mantiene esa sonrisa todo el tiempo? Está presente, está amasando pan, sólo eso. Tal vez ahí reside su felicidad.
De los Chandelas, las maravillosas construcciones de los templos de Khajuraho y la aparición del Kamasutra, India pasó a tener una cultura de tabúes, mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Cuenta la historia que un diario Inglés sacó una foto hace unos 60 años atrás que fue para el escándalo: un reportero tomó una foto del tobillo de la madre del Maharaja de Jhodpur bajando de su carruaje. La foto fue enviada a Inglaterra y fue tapa de revista. El Maharaja se ofendió tanto que mandó a comprar todos y cada uno de los números de la revista para que nadie más pudiera verle el tobillo a su madre.

Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Aprecia el valor y la fuerza de las mujeres Indias, como también la dedicación y el amor que le dan a todo lo que hacen. Ashraf me dice que aún hay muchos tabúes para la mujer de la India, como por ejemplo besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa.  Según su visión, la vieja sociedad India aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. ¨Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social¨, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013, sólo el 24% de las mujeres indias pertenecen a la población trabajadora. Y menos del 1% de mujeres van a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante. 

El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. La India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. Tres mujeres hablan con caras de preocupación. Calculo que su conversación debe ser muy parecida a la que tres mujeres pueden tener en un supermercado de la esquina de mi casa. Tal vez hablan de algún amor perdido, de un hijo problemático, de la cacerola que va a tener que ser reemplazada o de alguna noticia en los diarios.

La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, es una mujer joven y está tirada en la calle, sobre unas piedras. Su oscura piel es tersa, pero arrugada en la frente y en la boca. Su boca rojiza y de labios carnosos podría ser la envidia de cualquier modelo, pero ella está lejos, lejísimo de ese mundo. Debe pertenecer a las castas más bajas. Tiene un aro en la nariz y muchísimas pulseras en sus brazos que hacen ruido a sonajero cuando se mueve. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener más nada que lo que veo en ese momento. Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima,  lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante esa madre le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades. El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.

Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India,  con su pareja y su hijo de dos años. Ella tuvo a su hijo a los 28 en vez de a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. Primero vivió cosas que quería hacer, tuvo aventuras, como tirarse en paracaídas, terminar su carrera, viajar. A pesar de tener este espíritu de vida, se sorprende cuando me pregunta mi edad, 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven? Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no asegura ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan  hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición.  Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi ví clínicas con un aspecto no muy serio con carteles en la puerta promocionando la realización de abortos. Hay una segunda opción que es maquiavélica, llamado ¨bride burning¨ (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.

En las calles por tradición las mujeres caminan atrás del hombre y van tapadas, no se ve bien que muestren partes de su cuerpo. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, ví a una joven india con musculosa y shorts muy shorts. ¡Me pareció desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo y con el cuerpo decir: ¨¡Acá estamos, sí, esta es nuestra piel, no hay misterios… tenemos calor y queremos usar pantalones cortos. En 20 días de viaje comencé a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.

Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood tienen una visión más occidental del rol de la mujer. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres.  Eso también es India. Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué es que no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran hombres solos de entre 30 y 40 años.
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció en la primera impresión una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a poder conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar un chofer en la India por la incomodidad que es manejar y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre.  El chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como por ejemplo sacar a pasear a los perros de Rajashree. Entramos a su departamento que era absolutamente impecable. Sus dos perros, rescatados de la calle, se comportaban mejor que una persona. Tenían sus juguetes y sus espacios. Ella preparó dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me contó que hay un sector de la sociedad mucho más privilegiado, educado en donde las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales ella estaba incluída, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres Indias.
Rajashree me explicó que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos estados del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales. El rol de la mujer cambia incluso entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son las castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar, incluso algunas no tienen poder de decisión sobre si trabajar o no.

Cuando me despedí de Rajashree ya era de noche y me dirigía al aeropuerto para comenzar el regreso a casa. No permitió que me fuera sola. Llamó a un taxista de confianza que me pasó a buscar. Ella le dio claras indicaciones de que cuando llegáramos al aeropuerto la llamara para saber que estaba todo bien. De pronto me sentí una adolescente emprendiendo su primer viaje sola. Lamentablemente estos cuidados son necesarios en la India. Las mujeres de todas las posiciones sociales deben cuidarse de no estar solas en la calle de noche en algunas áreas.

Creo que lo más difícil del viaje fue manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas de son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda nunca mirar a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, los casos de abuso se han transformado en los últimos años en un problema nacional que sufren no sólo las extranjeras sino en gran medida las mujeres indias. Hubo un hecho que marcó un antes y un después en relación a este tema. En el año 2012, una joven adolescente salía del cine con su novio y tomaron un colectivo, donde fueron atacados por una banda que violaron y mataron a la joven. Esto desató escándalo en toda la Nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y modificadas; por lo que son cada vez más los casos que llegan a la justicia y todos están siendo tratados. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para cons
cientizar a las mujeres que ellas tienen derechos y que el abuso y maltrato puede ser también psicológico. Hay muchos casos de violaciones domésticas, pero por miedo sólo el 10% son reportados y la realidad es que cuando se reportan es bajo el porcentaje de casos que son ganados por esas mujeres. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren  y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invadieran su privacidad constantemente.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “WE ARE NOT SAFE IN OUR HOME… WE ARE  NOT SAFE OUT OF HOME” (¨No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas¨) razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz. Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. También arman charlas para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y las formas de hacerlos respetar. Tienen un programa de concientización que se llama ¨Good Touch Bad Touch¨ (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y si saben o ven un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentarla situación en la justicia. Cuando surge la gran duda sobre por qué es que hay tantos casos de abuso sexual en la India la respuesta es directa: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y el hecho de que la mujer es un objeto en los medios de comunicación. La mujer ha sido y es considerada inferior en la India, de eso no hay duda. Pero me quedo pensando en la respuesta que me da Usha.

Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas están cambiando y que han ido cambiando a lo largo de todo el siglo XX y el XXI. En 1925 Sarojini Naidu fue la primer mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India  luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947. Comienza su activa participación en política en la década del 30 hasta que muere asesinada en el año 1984.  Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre. Rajashree me cuenta que su chofer es de un pueblito de Bihar y que hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa, tiempo.


¨Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón¨, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse que son diosas con derechos.