jueves, 20 de agosto de 2015

Tarea 2 Curso Crónicas de Viaje

Escribir una anécdota de viaje en la que se vea un paisaje de fondo. Extensión: 2.000 caracteres

Uno nace sin saber de dónde viene, o tal vez sabe pero prefiere olvidar. Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con bastante dolor acumulado de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nace, crece, tiene su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.


En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transforma en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a mi papá. Viajeros de tren y luego a caballo. Recuerda mi papá cómo recorrían los senderos del ¨Piltri¨ (como los locales llamaron siempre al cerro, que pasa a ser una especie de gurú a quien se le consulta todo, adonde se van a buscar respuestas) subidos sobre algún caballo que estaba con su montura listo en cuanto ellos llegaban a la hostería. Así recorrían también caminos largos hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro acostado en la playa de piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito. 

Año 2015 me toca a mí hacer este recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Es extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escucho mientras prepara una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años. Me cuenta cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, está sola, sin niños correteando. Ya no prepara cenas, sólo el desayuno. Se la ve cansada. 

Me quedo dos días en la hostería, leo en el parque al sol y desayuno en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Duermo, observo las aves que revolotean, juego un rato con los perros. Camino por el parque y me impresiona saber que es el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permite imaginarlo, al menos por un instante. 

El Piltri sigue observándome mientras me alejo de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo, quiero seguir imaginando que puedo ver al abuelo dándole su mirada de aprobación a mi papá que sigue jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

DESPUÉS DE ALGUNAS CORRECCIONES DE LA PROFESORA, REPUBLICO EL TEXTO CON ALGUNOS CAMBIOS....

Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con dolor que se fue acumulando de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nació, creció, tuvo su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.

En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transformó en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a su hijo. Viajeros de tren y luego a caballo. Sobre las monturas recorrían los senderos del ¨Piltri¨, buscando respuestas, como si el cerro fuera un gurú. Así se acercaban hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro recostado sobre las piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito.

A principios del 2015 me encontré tal vez sin saberlo haciendo un recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Fue extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escuchaba mientras preparaba una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años.  Me contó cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, quedó sola, sin niños correteando. Ya no preparaba cenas, sólo el desayuno. Se la veía cansada.   

Me quedé dos días en la hostería, leí en el parque al sol y desayuné en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Dormí, observé las aves que revoloteaban, jugué un rato con los perros. Caminando por el parque me impresioné al saber que ese era el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permitía imaginarlo, al menos por un instante.


Me alejé de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo. Sentí de golpe cierto alivio al comprender que mi abuelo Candel fue no sólo un exiliado, un hombre político, sino también un hombre de piel y hueso, una persona real. Su imagen se alejó de la leyenda urbana para transformarse sólo en mi abuelo. Pude visualizarlo con su mirada de aprobación a mi papá que seguía jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Tarea 1, CURSO CRÓNICAS DE VIAJE con CAROLINA RAYMUNDEZ

Para el que quiera chusmear la página acá encuentra información sobre el curso que se puede hacer a distancia: http://www.periodismoportatil.com/tallerreymundez/

TAREA 1, tengo que presentarme en 2000 caracteres...difícil...

Siempre me puso bastante nerviosa la pregunta: ¨¿A qué te dedicas?¨, apuntando al qué somos, a lo más profundo de nuestro ser. Inmediatamente y para zafar digo  ¨Soy Profesora Universitaria de Inglés¨. Y para completar la respuesta y parecer una persona más interesante agrego: ¨ En este momento también estoy terminando la Escuela de Cine, pude en los últimos años participar en varias producciones de cine, tv y teatro. También me siento cómoda escribiendo guiones cortos.¨ Ahora bien, cuando entro en confianza con las personas me confieso. La docencia me encanta pero dar clases me da de comer, los trabajos de producción me sacan de la rutina. Pero mi esencia es el viaje, el movimiento, ya sea en China como a 20 km de mi ciudad. Me encantaría animarme a contestar lo siguiente: ¨ A viajar, si, claro, yo soy viajera¨. Viajo desde los 21 años. En un comienzo fueron viajes a dedo, lo que me abrió el mundo. Podía de esa manera llegar a cualquier lado aun casi sin dinero. Estuve así tres meses en Europa recorriendo 12 países. Una experiencia que fue bisagra en mi vida. Llegué así a Ushuaia, en el auto de una pareja  que me había levantado en Tolhuin, ya a pocos kilómetros de la ciudad más austral del mundo. Recuerdo patente la sensación de emoción que me inundó cuando vi el mar azul oscuro al final del continente. Lloraba como una nena. Lo mismo sucedió cuando a lo lejos, desde el Pont des Artes, vi la Torre Eiffel imponente tras una niebla que me hacía dudar si lo que estaba mirando era realidad o fantasía. Esos sueños que tuve desde chica, leyendo algún libro de aventura o mirando las películas de Indiana Jones. Yo quería conocer el mundo. Siguieron más viajes a Europa, Marruecos, India, China y el Sudeste Asiático, Brasil, Bolivia y un viaje largo recorriendo toda nuestra variada Latinoamérica…y por supuesto infinidad de viajes en Argentina que me sigue sorprendiendo. Disfruto del encuentro espontáneo con algún alma errante en medio de un caótico y ruidoso mercado de ciudad, como también disfruto del silencio que me ofrece algún paisaje. El último fue un viaje en auto recorriendo en detalle las rutas 40 y 3. Silencio es lo que encontré. En las playitas donde hacía paradas a comer o solo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra. Silencio e inmensidad en el Cañon del Río Oro, con el agua corriendo a 100 metros bajo mis narices. Silencio armando la carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro. Silencio. Te fui a buscar y te encontré. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga. Calculo que esta es la razón por la que viajo y por la que decidí comenzar hace tres años con mi blog para volcar las reflexiones e imágenes que voy recopilando a lo largo del camino. Comencé a escribir notas de viaje para la revista Nosotros del Diario El Litoral de Santa Fe y para el Diario Página 12 de Rosario. Quiero mejorar mi estilo, quiero profesionalizar mi escritura. Por este motivo estoy haciendo este curso, al cual llegué después de leer el libro ¨El mejor trabajo del mundo¨.