domingo, 25 de enero de 2015

Artículo sobre India en El Litoral. 25 de enero 2015.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/01/24/nosotros/NOS-11.html

India, un país de contrastes
Cientos, miles, millones de habitantes en una tierra en la que conviven el lujo y la miseria, y la tradición con los mandatos, a punto tal que la mujer todavía va “detrás” del hombre.


Llegar desde el Aeropuerto de Delhi hasta la estación de trenes de la parte antigua de la ciudad no fue difícil. Fue cuando tuvimos que tomar un subte que todo se transformó en algo salido de un cuento lleno de incongruencias. Al bajar unas escaleras nos encontramos de golpe a cientos de personas haciendo cola para entrar al subte. Y cientos y cientos no es una “forma de decir”. Era una multitud, una gran masa de personas dentro de la pequeña parada.
Ya desde el principio India nos recibió presentándonos a algunos de sus millones de habitantes. El gran problema es que cada vez son más: en los últimos 20 años su población aumentó en 300 millones, o sea 8 veces la población argentina.
Una de las cosas que nos llamó la atención es que las mujeres, en general y por tradición, van tapadas. No importa que seamos de otro país, no se ve bien que las mujeres estén en musculosa y short. Tan así es que nos llamó mucho la atención el día en que vimos a una muchacha india usando un pantalón corto que, para el lugar, era bastante provocativo.
Las mujeres van detrás del hombre. Nos dio la sensación de que la mujer en general no puede tomar muchas decisiones en sus casas: buscando gente de Couchsurfing para conocer, descubrimos que la mayoría son hombres solos de entre 30 y 40 años, y nosotras queríamos conocer la palabra de las mujeres, sus opiniones, sus deseos y sus gustos. Durante el viaje no logramos hablar con muchas de ellas. Sólo con algunas que fueron criadas en la ciudad, más cosmopolitas y con una visión más abierta y global del mundo.
LEJOS DE LA PAZ, CERCA DEL CAOS
La gente es muy amable. Pero, al menos en los lugares donde estuvimos, no pudimos sentir esa paz y armonía con la que se relaciona a la India. Todo es muy caótico, muchos tuc-tuc, motos y bicicletas por todos lados. Sumado a eso, las vacas, perros y monos sueltos, y la cantidad de personas constantemente yendo de acá para allá.
Las bocinas no paran de sonar nunca, sean o no necesarias. Y a todo hay que sumarle una gran cantidad de basura en las calles. No hay un sistema de recolección, no hay sistema de drenaje de agua desde las casas, y por costumbre la gente termina una botella de agua y la tira directamente a la vía pública como si fuera el basurero.
Por eso pienso que India es el gran país de las incoherencias. La gente hace yoga todas las mañanas, acepta la diversidad y en la paz entre las diferentes creencias y estilos de vida, pero no vimos el respeto por la naturaleza ni por el espacio común que esperábamos. Hasta las vacas, que son sagradas, comen de la basura en las calles.
CUIDADOS EXTREMOS
Fuimos con la idea de cuidarnos al extremo en las comidas y en el consumo de alimentos crudos y de agua. Así, no nos enfermamos ni perdimos días de viaje con una descompostura. Lamentablemente, sí nos perdimos comidas que parecían deliciosas en los puestos de calle, pero continuamos con los cuidados.
Para lavarnos los dientes o para tomarnos un mate hervíamos agua con pastillas potabilizadoras. Fue extremo, pero cauteloso. Hasta los mismos indios nos recomendaban no tomar el agua de la canilla de ninguna manera.
Nos tuvimos que cuidar hasta de aceptar un té o café preparado por un indio; tampoco podíamos tomar ninguna bebida que no viniera envasada. Es difícil esto a la hora de tener que decir que no a las invitaciones, cuando para ellos es bastante rudo que no se acepte su hospitalidad. Pero también comprenden que nuestro sistema inmunológico no es el de ellos.
Para muestra: en un negocio, rodeada de especias de todos los colores, comencé a toser y no podía parar. El hombre no dudó en ir a pedir agua. Yo le decía que estaba bien, que no se preocupe, mientras me seguía ahogando... Creo que porque me ponía nerviosa la idea de tener que aceptar ese vaso de agua. Cuando volvió, trajo en vez de un vaso de agua, una botella de agua mineral cerrada. Volví a respirar, se la quise pagar pero el hombre me dijo que no se le niega agua a nadie. Fue muy amable.
LA TRAVESÍA
Desde Delhi fuimos directamente a Jaisalmer, hacia el oeste del país, en el extremo de la zona de Rhajastan, que es desértico. Paramos en el hostal Mystic Jaisalmer, de un couchsurfer que se llama Ashraf. Fue muy interesante la charla con él, y el servicio del hostel era impecable. Con un grupo hicimos una salida que llaman “Desert Safari”, con un recorrido en camello y durmiendo en el desierto, sólo con unas mantas. Con la luna llena sobre nuestras cabezas fue realmente una experiencia inolvidable. Pudimos conocer unos pueblitos muy pequeños con gente súper simpática.
Desde Jaisalmer partimos a Jhodpur. Allí visitamos el fuerte, donde hasta hace poco vivía la familia real, el Maharaja. Sucedió que después de la independencia de Inglaterra (1948), se decidió hacer de la India una República Democrática, siendo el único país que pasó a ser una democracia después de haber sido colonia europea. Fue así que con Indira Ghandi, alrededor de los ‘60, los Maharaja de India pierden todos sus beneficios y, para conservar los edificios históricos, abrieron sus puertas a los turistas.
Se preguntarán dónde viven los actuales hijos y nietos de esos Maharajas. No viven en una choza, sino en palacios: mitad hotel, mitad residencia. En Jhodpur es un palacio construido por un arquitecto británico, uno de los palacios más grandes del mundo. O sea que a pesar de haber perdido los beneficios de príncipes y princesas, la vieja realeza vive aún como tal. Alrededor del palacio, cientos y cientos de personas duermen en las calles, pero siguen idolatrando a estas personas como si fueran dioses, sucesores del dios Rama.
Desde Jhodpur tomamos un tren a Agra. Allí es donde se encuentra el famoso Taj Mahal. ¡Absolutamente impactante! No hay palabras para describir lo que el emperador musulmán Shah Jahan, de la dinastía mogola, mandó a crear para su mujer, Mumtaz Mahal, su tercera esposa y el amor de su vida.
Como dijo Gaby, mi compañera de viaje, es verdad que nos van imponiendo iconos a lo largo de nuestra vida, pero creo que en este caso está bien merecido. El símbolo absoluto de la India es llamativamente de origen musulmán, mientras que hoy solo el 18% de la población es musulmana y el 80% hindú.
Maravillosa India. Un país de contrastes.

jueves, 1 de enero de 2015

Artículo en Pagina 12 Rosario. 22 de diciembre de 2014.



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-47243-2014-12-22.html


En diálogo con un pasado encantador









Un sabor amargo en la boca, como comer algarroba por primera vez; el contacto de la mano con la lengua de una vaca, rasposa como lija; los ladridos agudos y penetrantes de un perro que no deja dormir. Lo mismo provoca entrar a una casa y ver que la nena que está en los portarretratos ahora tiene 25 años, que en la fiesta retratada los invitados usan vestido con hombreras y jopos; que las playas son de Buzios verano 1998 o de cuando fueron al Mundial de México. La familia en estas fotos está toda reunida en un asado que se hizo hace 15 años y hoy no se ven, no se hablan.
La dueña de casa mira estas fotos con detenimiento. Las imágenes ya están descoloridas por el sol que entra por una ventana. Los marcos que las protegen están gastados, viejos, sin ganas ya de sostenerlas, pero esas fotos son fuertes, son recuerdos, resisten y se mantienen altivas en esa parte de la casa hasta el final de los tiempos.
Allí está su cuerpo joven en bikini, de viaje por alguna playa brasilera. Sus curvas son casi invisibles, siempre fue delgada, su sonrisa es gigante y sus brazos sobre su cabeza dan señal de un momento de plenitud. En la imagen ella está sola, pero recuerda que detrás de la cámara estaba su compañero de vida, que en ese momento era sólo su noviecito. ¡Ay! ¡Cómo extraña la pasión que sentían! ¡Y cómo anhela volver a tener esa edad! No se lleva bien con sus arrugas ni con sus canas ya imposibles de esconder. ¡Ay! ¡Cómo extraña la libertad del viaje sin retorno, esa certeza de estar Viviendo la Vida con Mayúsculas por estar lejos de la rutina, de lo clásico! Ella ya no es esa persona y aún no se acepta, no se entiende.
Recuerdos del pasado. Título no muy original para una película. Ella guarda, colecciona, se aferra a lo que pasó. Las fotos son memoria de lo feliz que fue, de lo que perdió. Nostalgia que la arruina, que la hace sentir vieja, que la arrastra a pensar que todo pasado fue mejor. Error. Corrijo. Hoy. Presente. El sol afuera está brillando muy fuerte y una brisa suave refresca las hojas de los árboles. Ahora. Presente. Acá está. Acá estoy. Acá estamos.
Es fácil. Es momento. Ella cierra el álbum de fotos en blanco y negro que tiene sobre la mesa, deja el mate y la pava en la cocina y se acerca a sus portarretratos. En un acto de valentía comienza a sacar las imágenes y las guarda en un cajón. Los marcos están sobre la pared, sin imagen, vacíos de alma y de relato, sin función. Ella los mira con tristeza, los brazos al costado del cuerpo. Ya está. Se fueron. Imagina las imágenes que podrían ocupar ese lugar.
¿Por qué no poner una foto con su esposo al lado del árbol plantado por ellos hace 15 años? Sí, puede ser. Así la foto frente a la pirámide de Egipto es reemplazada. ¿Y si en este portarretrato opta por una imagen de los jazmines del vecino que la despiertan todos los días con un aroma renovador?. Y así, poco a poco, Cuzco, París, Nueva York, Sidney y Beijing fueron desapareciendo para darle lugar al presente. Ella, con sus 85 años, en diálogo con los marcos, se acaba de enterar que hoy, también, es feliz.