lunes, 16 de noviembre de 2015

El Litoral Artículo sobre Patagonia ¨La Ruta delos Milagros¨

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/11/14/nosotros/NOS-09.html

Las rutas de los milagros
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Parque Nacional Monte Leon, sobre la ruta 3.

Este es el relato de una travesía hecha a dedo, más de diez años atrás, por la Patagonia a lo largo de las rutas 3 y 40, con encuentros, redes de amistades y solidaridad en el camino. La autora volvió a viajar este año, esta vez en auto: más confort y menos riesgo, pero la misma fascinación por un paisaje inigualable.
TEXTO Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.
Saliendo de la provincia de Buenos Aires y entrando a Río Negro vi en la ruta a varias parejas de mochileros. Más tarde, en las calles grises y áridas de Río Gallegos, tuve un reencuentro con una de ellas: eran franceses. No me habían reconocido, por eso se mostraron extrañados cuando los empecé a saludar con alaridos argentinos desde el otro lado de la vereda.
Obviamente, días más tarde los volví a ver cuando entraban caminando al Parque Nacional Tierra del Fuego. Yo salía para despedirme de Ushuaia. Digo “obviamente” porque es así cómo funcionan las rutas 3 y 40. Están llenas de reencuentros con personas totalmente ajenas a una en el mundo de la rutina y de lo habitual; pero en el universo paralelo, ese que tiene como cielo el infinito y como tierra la banquina, estas mismas personas significan experiencias compartidas y son compinches de ruta.
Es así como los siete motoqueros fueron apareciendo y reapareciendo a lo largo del camino, preguntándome dónde estaba parando y hacia dónde me movía al otro día. Es así como Loic, un francés callado y tímido que había conocido en Ushuaia, aparecía saludando desde una camioneta cuando salía a dedo del Parque Nacional Los Glaciares; y reaparecía caminando por las calles del pequeño Chaltén... Y lean lo que sigue porque no lo van a poder creer. Antes de volver a mi ciudad pasé por Buenos Aires, donde visité a un amigo que había conocido dos años atrás en Praga. Cuando le estaba mostrando las fotos de Ushuaia, me mira sorprendido, señala a Loic y me comenta entre risas que había conocido al francés en Mongolia en uno de sus viajes. El mundo es en verdad muy chico y los encuentros no dejan de sorprender.
EN EL CHALTÉN
Llegar a El Chaltén desde Calafate no fue sencillo, pero salir fue una total odisea. Después de que el viento fuerte de la montaña me dejara sin carpa y que los precios me asustaran bastante, decidí -sin dudarlo- abandonar el pueblo.
El Chaltén parece un pueblito sacado de un cuento. Muy pocas casas, total contacto con la naturaleza y el Fitz Roy que te recibe ya en la ruta. Lamentablemente, el clima no acompañó mis ganas de pasar unos días en el lugar. Para salir, queridos mochileros, recomiendo hacer una previa investigación de los camiones que entran y salen. El tránsito es prácticamente nulo. Así fue como convencí a un camionero para que me llevara hasta Calafate ¡Pero no estaba sola! Éramos 10 mochileros a la espera de la salvación. Entre ellos, había dos chicas de Mar del Plata a quienes conocía (y seguimos con los encuentros milagrosos). Fue así como simil-ganado pudimos salir de El Chaltén con la esperanza de volver y que, en la próxima, el clima no nos asuste.
OTRO REENCUENTRO
Comodoro Rivadavia me recibió cansada, sucia y hambrienta. Habían sido tres días de esperar camiones, hacer tiempo en estaciones de servicio, comer poco. Y, bueno, hasta una dama en esta situación aguanta una uña rota y el pelo desastroso.
Una tarde, mientras estaba caminando por las calles del centro, me sorprendió la presencia de una mochila conocida: ¡Tomás! -grité alegre. Había conocido a Tomás dos meses antes en un encuentro de mochileros y, aunque sabía que iba a estar dando vueltas por la Patagonia, no esperaba encontrarlo. Una vez más fue un milagro, de esos que ocurren en la ruta, donde una aprende que las distancias son en realidad relativas, donde el tiempo y el espacio cambian sus dimensiones.
REGRESO EN CAMIÓN
Mi viaje concluyó en El Bolsón, donde pasé seis días. El día en que decidí irme del lugar, me asusté cuando en la ruta ví alrededor de diez parejas de mochileros tratando de conseguir quién los llevara hacia Bariloche. Yo, que estaba sola, me acerqué a un camionero que estaba a punto de encender motores. David no tuvo ningún problema en sacarme de El Bolsón, pero me previno sobre el hecho de que íbamos a estar viajando cerca de cuatro días antes de llegar a Buenos Aires.
Esa mañana me dieron el título de camionera amateur y acompañé a David hasta el final, pasando por Esquel, Bariloche, Chipoletti y otros pueblitos más. La ruta me permitió recrearme y jugar por unos días dentro de otra realidad, en la cual pude compartir un buen asado junto a otros camioneros y disfrutar de los mejores amaneceres desde el camión y en el medio de la nada.
Siempre quedan lugares que descubrir en nuestro extenso sur. Hay muchísimas tierras vírgenes por explorar todavía; es por eso que siempre hay una buena excusa para volver. ¡Tanto es lo que te da la ruta! Experiencias sorprendentes, personas interesantes, reencuentros inesperados. Y me pregunto: ¿Qué, sino estas uniones milagrosas de almas callejeras, hace que la vida misma tenga sentido?
* * *
Escribí este texto después de un viaje a dedo por la Patagonia, Argentina, en el año 2004. Esa Patagonia ya lejana, cuando la entrada a El Chaltén era aún de tierra y el pueblo sólo tenía 200 habitantes. Este febrero del 2015 volví a recorrer las rutas 40 y 3, esta vez en auto. Sea como sea que uno se mueva por esas tierras encantadas, no deja de sorprender, de maravillar, de provocar sueños de posibles vidas pasadas o presentes.
La vida me ha enseñado que lo único que vale la pena es sentirse viva, sentir pasión por algo. Y sólo con el movimiento y los cambios esto es posible. La vida es corta. Hay que animarse a saltar aunque la pileta esté vacía. Para muchos salir de viaje provoca miedos a lo nuevo, a lo desconocido. A mí, después de 14 años viajando, me sigue costando desengancharme de estos temores, pero viaje a viaje me voy soltando. Y sigo aprendiendo.
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Parque Nacional Perito Moreno, sobre la ruta 40.
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domingo, 25 de octubre de 2015

Las diosas de India.















Las veo caminar, las recorro en detalle con el lente de la cámara, tratando de 
acercarme al menos un poco a lo que su mirada y sus gestos gritan. Estas mujeres me fascinan y me conmueven. Juego con la imaginación recreando diálogos en los andenes del tren o en el mercado sucio de la plaza. Busco en un diccionario interno qué puedo llegar a tener en común con ellas y descubro una palabra mágica: amor. Todos amamos, en todas partes del mundo. Me intriga qué significa amor para ellas. Más del 80% de la población India es Hinduísta. En su mitología está Kámadeva, una especie de Cupido, casado con Rati, el amor sensual. No le fue muy bien a este Dios del Amor cuando enojó a Shiva por despertarlo de una meditación con su flecha para tratar de que se enamore de Parvati. Shiva no dudó en atacarlo y lo mató. Con esto desaparecía el deseo sexual entre los humanos. Luego le tuvo compasión y lo resucitó para asegurarse la continuidad de la especie. Me pregunto la cantidad de miedos que estos cuentos pudieron despertar en la población femenina.
India es gigante, imposible conocerlo en 30 días de viaje. Pero al menos pude llevarme un pantallazo de imágenes, sensaciones y muchísimas dudas. Caminar por ciudades grandes como Delhi, Jaisalmer, Varanasi, Khajuraho, Goa, Mumbai. Recorrer caminos de tierra en el desierto de Rajhastan o en los alrededores de algún Parque Nacional. Esperar en alguna estación de tren. Mirar, tratar de entender. De eso se trató el viaje. De eso se trata esta crónica.
Aún hoy, son pocas las mujeres Indias que tienen la chance de elegir y conocer el amor. ¿Cómo conocer y amar la esencia de otro ser si los matrimonios son arreglados? En la India el divorcio es legal, pero está aún muy mal visto. Sólo se separan el 1.1% de los matrimonios. Por lo que la mujer está atada a un hombre que no conoce. Si no funciona el matrimonio a la mujer le quedan dos opciones: ser infeliz para toda la vida o divorciarse y ser considerada menos que un ser inferior. La gran mayoría decide ser infeliz. Elizabeth Bumiller, autora de ¨Serás madre de cien hijos¨ cuenta que una mujer le dijo que amaba a su marido porque este le proveía de comida y ropa y otra directamente confesó que si no amaba a su marido, entonces éste le pegaba. En las calles de Varanasi se ven miles de hombres y mujeres, adorando a vacas y toros, muy bien alimentados, peinados, cuidados. Nadie los corre de las calles caóticas. ¿Cómo puede ocurrir, sea en la cultura que sea, que la vaca sea sagrada y la mujer mutilada?
Caminando por los templos de Khajuraho, veo a un fotógrafo y  a su modelo vestida con sari amarillo y rosa, con muchísimas pulseras y aros, brilla. Ella está preciosa, decorada desde la cabeza a los pies. El marco que la rodea es perfecto. Los templos son una representación del pensamiento de los Chandelas, reinado entre los siglos X y XII, que quisieron hacer honor al libro Kamasutra, escrito por  Vatsyayana en el siglo III d.c,  dejando grabado en las paredes figuras eróticas. Hoy día, este libro profético ha sido manipulado y convertido en meras imágenes de posiciones sexuales extrañas, pero en realidad es un texto que tiene mucho para enseñarnos de la libertad mental y sensorial de la época. Con sus gestos ante la cámara, esta bailarina modelo me lleva por un segundo a otros tiempos, cuando cuerpo no rimaba con culpa. A lo largo de los tiempos, la mujer fue excluida de la gran mayoría de las actividades sociales y de aprendizaje, devotas a sus esposos considerados dioses. A pesar de esto, el Kamasutra es el primer y único tratado de la época que se dirige a hombres y mujeres por igual, donde la mujer debe ser partícipe del acto sensual y erótico, debe tener satisfacción al igual que el hombre.

La mañana antes de irme de Khajuraho mientras desayuno en el balconcito de la habitación descubro a una mujer en la terraza de la casa vecina. Ella no sabe que hay alguien observándola. Por un largo tiempo no hace más que amasar, moldear y hornear pan. Hace su labor con esmero.  Lo disfruta. Sabe que con esos chapati va a alimentar a su familia y los que sobran seguro que los vende para comprar más harina o arroz. Parece tener una vida sencilla y austera. Se la ve feliz. Y acá surgen aún más dudas. ¿Qué es la felicidad para estas mujeres? ¿Por qué mantiene esa sonrisa todo el tiempo? Está presente, está amasando pan, sólo eso. Tal vez ahí reside su felicidad.
De los Chandelas, las maravillosas construcciones de los templos de Khajuraho y la aparición del Kamasutra, India pasó a tener una cultura de tabúes, mujeres tapadas y hombres que se excitan por ver el tobillo de una mujer o darle la mano cual saludo de despedida. Cuenta la historia que un diario Inglés sacó una foto hace unos 60 años atrás que fue para el escándalo: un reportero tomó una foto del tobillo de la madre del Maharaja de Jhodpur bajando de su carruaje. La foto fue enviada a Inglaterra y fue tapa de revista. El Maharaja se ofendió tanto que mandó a comprar todos y cada uno de los números de la revista para que nadie más pudiera verle el tobillo a su madre.

Ashraf Ali es dueño de un hostel en Jaisalmer, viajero, con una mentalidad más abierta. Aprecia el valor y la fuerza de las mujeres Indias, como también la dedicación y el amor que le dan a todo lo que hacen. Ashraf me dice que aún hay muchos tabúes para la mujer de la India, como por ejemplo besarse en público, fumar y tomar alcohol. Como también caminar sola de noche puede ser considerado una ofensa.  Según su visión, la vieja sociedad India aún se maneja con las mismas reglas y manipula para que las mujeres no conozcan sus derechos. ¨Las mujeres están en la casa la mayor parte del tiempo, por falta de una educación apropiada y por el absoluto control de los hombres sobre la vida social¨, me dice. Según las estadísticas mostradas por el Banco Mundial, en el año 2013, sólo el 24% de las mujeres indias pertenecen a la población trabajadora. Y menos del 1% de mujeres van a escuela primaria y secundaria en relación a los hombres. Un panorama preocupante. 

El tren hacia Varanasi va a 50 kilómetros por hora hasta que para. Por algún motivo siempre para. Desde la puerta del vagón observo varias imágenes, todas con una carga de tristeza, dolor, mugre, pobreza. Nadie sonríe. La India que no es tan increíble, la que no nos venden las revistas de viajes. Tres mujeres hablan con caras de preocupación. Calculo que su conversación debe ser muy parecida a la que tres mujeres pueden tener en un supermercado de la esquina de mi casa. Tal vez hablan de algún amor perdido, de un hijo problemático, de la cacerola que va a tener que ser reemplazada o de alguna noticia en los diarios.

La imagen que más me impacta es una réplica exacta de La Piedad. Ella, con su cabeza cubierta con un trapo marrón, es una mujer joven y está tirada en la calle, sobre unas piedras. Su oscura piel es tersa, pero arrugada en la frente y en la boca. Su boca rojiza y de labios carnosos podría ser la envidia de cualquier modelo, pero ella está lejos, lejísimo de ese mundo. Debe pertenecer a las castas más bajas. Tiene un aro en la nariz y muchísimas pulseras en sus brazos que hacen ruido a sonajero cuando se mueve. Sus manos de uñas largas y mugrientas se toman entre sí para hacer de cuna a su bebé, a quien tiene en brazos arropado con telas blancas. Esa mujer parece no tener más nada que lo que veo en ese momento. Está agotada. El bebé no eligió nacer. Ella lo mima,  lo acaricia, lo alimenta mientras puede darle de mamar. Le da todo lo que tiene: su amor de madre. Y ahí me pregunto: ¿es suficiente el amor? ¿Qué va a pasar cuando amamantar no sea una opción? Es tal la ternura con que esa madre mira a su hijo a los ojos que dudo de mi respuesta. Más adelante esa madre le pintará los ojos con khol negro al niño para protegerlo de un mundo mágico de demonios y maldades. El tren avanza y yo sigo a La Piedad con la mirada.

Ser mamá en la India es casi obligación, es un acto natural en toda mujer, incluso en aquellas que quieren otras cosas para su vida. Sobre el tren hacia Varanasi viaja una mujer de 30 años, que trabaja en la Armada India,  con su pareja y su hijo de dos años. Ella tuvo a su hijo a los 28 en vez de a los 20 años. Es de aquellas mujeres que no siguen el mandato. Primero vivió cosas que quería hacer, tuvo aventuras, como tirarse en paracaídas, terminar su carrera, viajar. A pesar de tener este espíritu de vida, se sorprende cuando me pregunta mi edad, 35 años y sin hijos, como tantas otras mujeres de esta parte del mundo. ¿Qué sentirán ellas cuando nos ven? Luego me explican que una de las razones por las cuales las mujeres de todos los estratos sociales están preocupadas por tener hijos es que el gobierno no asegura ninguna jubilación, por lo que los hijos terminan cuidando de sus padres, son quienes aseguran su bienestar. Es por este motivo que también se prefiere que tengan  hijos varones. Tener sólo hijas mujeres se puede transformar en una maldición.  Sucede que si quedan embarazadas de una mujer, muchas veces son obligadas a abortar. Aunque el aborto es aún ilegal en India, en Delhi ví clínicas con un aspecto no muy serio con carteles en la puerta promocionando la realización de abortos. Hay una segunda opción que es maquiavélica, llamado ¨bride burning¨ (esposa quemada). Las mujeres que no pueden tener un varón son quemadas vivas y se hace pasar por un accidente casero. Algunos grupos afirman que de 300 casos, sólo uno se reporta. Muchas no mueren, pero quedan deformes.

En las calles por tradición las mujeres caminan atrás del hombre y van tapadas, no se ve bien que muestren partes de su cuerpo. Viajando una se adapta a esas reglas y las comienza a naturalizar. En Agra, antes de entrar al Taj Mahal, ví a una joven india con musculosa y shorts muy shorts. ¡Me pareció desubicada! Lo normal pasa a ser taparse, en vez de abrirse al mundo y con el cuerpo decir: ¨¡Acá estamos, sí, esta es nuestra piel, no hay misterios… tenemos calor y queremos usar pantalones cortos. En 20 días de viaje comencé a normalizar el concepto de tapar el cuerpo, me imagino lo difícil que va a ser salir de una cultura de miles de años de esconderse.

Las mujeres de las ciudades grandes y cosmopolitas como Bombay, las de las castas más altas, las más blancas, las de las películas de Bollywood tienen una visión más occidental del rol de la mujer. Son profesionales, estudiantes universitarias, usan bikini en la playa de Goa y pueden elegir a su pareja. Estas son las poquísimas mujeres que pueden ocupar un rol en el gobierno. Sólo el 10% del parlamento está representado por mujeres.  Eso también es India. Pero entonces ¿por qué es que la mayoría aún es manipulada y maltratada? ¿Por qué es que no pueden tomar decisiones en sus casas? Fue llamativo no encontrar mujeres en la búsqueda que hice por Couchsurfing. Todos los perfiles que encontré eran hombres solos de entre 30 y 40 años.
En Mumbai visité a Rajashree Khalap. Una mujer hermosa de unos 42 años, delicada, y cuidadosa en su aspecto. Me pareció en la primera impresión una persona muy organizada y con una agenda ocupada. Me invitó a su departamento y acepté encantada ya que iba a poder conocer algo de la intimidad de una mujer india. Me pasó a buscar en su auto, pero no era ella quien manejaba, sino su chofer. Es muy común contratar un chofer en la India por la incomodidad que es manejar y estacionar, pero principalmente por la seguridad que le da a una mujer sola estar en la calle con un hombre.  El chofer se encarga del auto y a veces hace otras actividades domésticas como por ejemplo sacar a pasear a los perros de Rajashree. Entramos a su departamento que era absolutamente impecable. Sus dos perros, rescatados de la calle, se comportaban mejor que una persona. Tenían sus juguetes y sus espacios. Ella preparó dos tazas de té y nos sentamos a hablar. Me contó que hay un sector de la sociedad mucho más privilegiado, educado en donde las mujeres son independientes y tienen las mismas oportunidades que los hombres. Estas mujeres, entre las cuales ella estaba incluída, viajan, ganan buenos sueldos y tienen una vida libre. Pueden elegir a sus parejas o bien nunca casarse o casarse y divorciarse sin ser mal vistas. Su caso es un ejemplo claro. Rajashree nunca se casó aunque está viviendo con su pareja. Nunca tuvo hijos y no se siente presionada por tenerlos. Lamentablemente, aunque este segmento de la sociedad representa a un gran número de mujeres, sigue siendo una minoría comparado con el porcentaje total de mujeres Indias.
Rajashree me explicó que las mujeres de familias menos educadas y conservadoras están generalmente menos cómodas económicamente y tienen una vida sin libertades. El status de la mujer también varía según la región y la cultura que represente. En algunos estados las mujeres están totalmente restringidas, especialmente en algunos estados del norte de India como Haryana o en Uttar Pradesh. Mientras que en otros estados más al sur, como en Meghalaya o Kerala, las sociedades son menos patriarcales, aunque nunca llegan a ser matriarcales. El rol de la mujer cambia incluso entre comunidades. Por ejemplo en la comunidad Marwari, que son las castas de gente de negocios de Rajasthan, incluso las mujeres de las generaciones jóvenes tienen sus matrimonios arreglados y tienen restricciones a la hora de elegir a qué se quieren dedicar, incluso algunas no tienen poder de decisión sobre si trabajar o no.

Cuando me despedí de Rajashree ya era de noche y me dirigía al aeropuerto para comenzar el regreso a casa. No permitió que me fuera sola. Llamó a un taxista de confianza que me pasó a buscar. Ella le dio claras indicaciones de que cuando llegáramos al aeropuerto la llamara para saber que estaba todo bien. De pronto me sentí una adolescente emprendiendo su primer viaje sola. Lamentablemente estos cuidados son necesarios en la India. Las mujeres de todas las posiciones sociales deben cuidarse de no estar solas en la calle de noche en algunas áreas.

Creo que lo más difícil del viaje fue manejar el trato con los hombres, viniendo de una cultura donde es común saludar a un hombre con un beso en la mejilla. Las miradas de son constantes y penetrantes, por lo que se recomienda nunca mirar a un hombre a los ojos, ya que es signo de seducción; conviene bajar la cabeza y mirar al piso.
A pesar de que hay leyes nacionales que protegen los derechos de las mujeres, los casos de abuso se han transformado en los últimos años en un problema nacional que sufren no sólo las extranjeras sino en gran medida las mujeres indias. Hubo un hecho que marcó un antes y un después en relación a este tema. En el año 2012, una joven adolescente salía del cine con su novio y tomaron un colectivo, donde fueron atacados por una banda que violaron y mataron a la joven. Esto desató escándalo en toda la Nación. Desde ese momento muchas leyes y regulaciones comenzaron a ser revisadas y modificadas; por lo que son cada vez más los casos que llegan a la justicia y todos están siendo tratados. De hecho, en la televisión India hay varios programas que tratan el tema para cons
cientizar a las mujeres que ellas tienen derechos y que el abuso y maltrato puede ser también psicológico. Hay muchos casos de violaciones domésticas, pero por miedo sólo el 10% son reportados y la realidad es que cuando se reportan es bajo el porcentaje de casos que son ganados por esas mujeres. Ellas, hermosas y coquetas, con sus docenas de pulseras en cada mano, el henna que las decora de manera sutil, las sedas de los colores más espectaculares que las cubren  y su esfuerzo por mantener su casa en orden y ofrecer hasta lo que no tienen, son mujeres aún muy sufridas. El hombre mira fijamente, parece que de alguna manera invadieran su privacidad constantemente.
Algunas se callan, otras están tomando otros caminos. En el año 2011, en Lucknow, nació un grupo que se llama La Brigada Roja. “WE ARE NOT SAFE IN OUR HOME… WE ARE  NOT SAFE OUT OF HOME” (¨No estamos a salvo en nuestras casas, no estamos a salvo fuera de nuestras casas¨) razón por la cual nace esta organización, para luchar contra la violencia sexual y el abuso, me explica su fundadora Usha Vishwakarma. Ellas son jóvenes mujeres que en algún momento de su vida sufrieron algún abuso, en general de un familiar o vecino. Se juntaron para comenzar a tener una voz. Ya son 31.000 las mujeres que pasaron por su programa de entrenamiento en artes marciales. También arman charlas para concientizar a las mujeres sobre sus derechos y las formas de hacerlos respetar. Tienen un programa de concientización que se llama ¨Good Touch Bad Touch¨ (Buen contacto, mal contacto) donde trabajan con niños para comenzar a enseñarles a no naturalizar ciertas conductas. A su vez salen a las calles a mirar lo que sucede y si saben o ven un caso de abuso, toman poder en el asunto y enfrentan al agresor. Finalmente trabajan cerca de las víctimas de abusos sexuales, las ayudan a salir adelante y a enfrentarla situación en la justicia. Cuando surge la gran duda sobre por qué es que hay tantos casos de abuso sexual en la India la respuesta es directa: el acceso a la pornografía ha crecido en el país, no hay educación sexual en las escuelas ni en la casa y el hecho de que la mujer es un objeto en los medios de comunicación. La mujer ha sido y es considerada inferior en la India, de eso no hay duda. Pero me quedo pensando en la respuesta que me da Usha.

Me despido de la India con cansancio pero con la idea de que voy a volver, necesito volver para tratar de seguir entendiendo. Antes de despedir a Rajashree, me da algo de esperanza de que las cosas están cambiando y que han ido cambiando a lo largo de todo el siglo XX y el XXI. En 1925 Sarojini Naidu fue la primer mujer elegida como Presidente del Congreso Nacional, la segunda fue Nellie Sengupta en 1933. En 1966 aparece Indira Ghandi en escena, que ayuda a que las cosas cambien aún más. Hija única de Jawaharlal Nehru, primer ministro de India  luego de la liberación de Gran Bretaña en el año 1947. Comienza su activa participación en política en la década del 30 hasta que muere asesinada en el año 1984.  Fue una líder fuerte, de carácter y muy poderosa. Fue quien se animó a sacarle beneficios a los Maharaja, reyes y príncipes, de la India para comenzar a ser una verdadera República. Hoy día hay mujeres médicas y ministras de gobierno, aunque aún siguen siendo minoría y tienen que trabajar con mayor esfuerzo para alcanzar la misma posición que puede tener un hombre. Rajashree me cuenta que su chofer es de un pueblito de Bihar y que hace 15 años vive en Mumbai con su esposa. Ella, al principio, se tapaba la cara y las manos para salir a la calle. Después de un tiempo dejó de hacerlo. Tal vez es eso lo que se precisa, tiempo.


¨Las mujeres son diosas del amor. Tienen el gran poder del perdón¨, me dice Ashraf. Se puede ser diosas, pero sin olvidarse que son diosas con derechos.

martes, 1 de septiembre de 2015

Contratapa del Pagina 12 de Rosario 1 de septiembre de 2015. REFUGIO

el texto sobre el Bolson con modificaciones...

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-50858-2015-09-01.html

Refugio

 Por Regina Candel Martinez*

Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con dolor que se fue acumulando de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nació, creció, tuvo su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.
En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 kilómetros del centro de El Bolsón, se transformó en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.
En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a su hijo. Viajeros de tren y luego a caballo. Sobre las monturas recorrían los senderos del ¨Piltri¨, buscando respuestas, como si el cerro fuera un gurú. Así se acercaban hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro recostado sobre las piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito.
A principios del 2015 me encontré tal vez sin saberlo haciendo un recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Fue extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escuchaba mientras preparaba una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años. Me contó cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, quedó sola, sin niños correteando. Ya no preparaba cenas, sólo el desayuno. Se la veía cansada.
Me quedé dos días en la hostería, leí en el parque al sol y desayuné en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Dormí, observé las aves que revoloteaban, jugué un rato con los perros. Caminando por el parque me impresioné al saber que ese era el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permitía imaginarlo, al menos por un instante.
Me alejé de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo. Sentí de golpe cierto alivio al comprender que mi abuelo Candel fue no sólo un exiliado, un hombre político, sino también un hombre de piel y hueso, una persona real. Su imagen se alejó de la leyenda urbana para transformarse sólo en mi abuelo. Pude visualizarlo con su mirada de aprobación a mi papá que seguía jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

jueves, 20 de agosto de 2015

Tarea 2 Curso Crónicas de Viaje

Escribir una anécdota de viaje en la que se vea un paisaje de fondo. Extensión: 2.000 caracteres

Uno nace sin saber de dónde viene, o tal vez sabe pero prefiere olvidar. Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con bastante dolor acumulado de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nace, crece, tiene su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.


En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transforma en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a mi papá. Viajeros de tren y luego a caballo. Recuerda mi papá cómo recorrían los senderos del ¨Piltri¨ (como los locales llamaron siempre al cerro, que pasa a ser una especie de gurú a quien se le consulta todo, adonde se van a buscar respuestas) subidos sobre algún caballo que estaba con su montura listo en cuanto ellos llegaban a la hostería. Así recorrían también caminos largos hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro acostado en la playa de piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito. 

Año 2015 me toca a mí hacer este recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Es extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escucho mientras prepara una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años. Me cuenta cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, está sola, sin niños correteando. Ya no prepara cenas, sólo el desayuno. Se la ve cansada. 

Me quedo dos días en la hostería, leo en el parque al sol y desayuno en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Duermo, observo las aves que revolotean, juego un rato con los perros. Camino por el parque y me impresiona saber que es el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permite imaginarlo, al menos por un instante. 

El Piltri sigue observándome mientras me alejo de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo, quiero seguir imaginando que puedo ver al abuelo dándole su mirada de aprobación a mi papá que sigue jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

DESPUÉS DE ALGUNAS CORRECCIONES DE LA PROFESORA, REPUBLICO EL TEXTO CON ALGUNOS CAMBIOS....

Uno esconde, tapa, pone recuerdos propios y ajenos debajo de la alfombra así no arruinan el paisaje. Sin saberlo nací envuelta en una historia con dolor que se fue acumulando de generación en generación. Idas y regresos entre Argentina y España. Huidas, despedidas, reencuentros, llanto. Mi abuelo Candel escapó de la España franquista y terminó su vida en Comodoro Rivadavia. Papá nació, creció, tuvo su familia. Sus hijos, mi hermano y yo, no pudimos conocer al abuelo que falleció joven. Yo aún acá, mi hermano volvió a España. Porque en este caso no es irse, es volver.

En esta historia siempre hubo un lugar que daba el único marco de alegría a la constante sensación de ojos tristes. La Hostería Steiner, a 2 km del centro de El Bolsón, se transformó en el único oasis dentro de un desierto incierto de personajes con hombros caídos y voces de llanto. Frente a la hostería el imponente Cerro Piltriquitrón, altísimo, como observando estas visitas de viajeros a lo largo de los tiempos.

En los años 50 mi abuelo pasaba al menos dos meses de verano en la hostería y usualmente lo llevaba a su hijo. Viajeros de tren y luego a caballo. Sobre las monturas recorrían los senderos del ¨Piltri¨, buscando respuestas, como si el cerro fuera un gurú. Así se acercaban hasta el Lago Puelo e iban a la playita, donde mi papá jugaba a tirarse desde un tronco empotrado en el fondo del lago mientras mi abuelo leía un libro recostado sobre las piedras levantando cada tanto la mirada para saludar a su hijo Danielcito.

A principios del 2015 me encontré tal vez sin saberlo haciendo un recorrido al pasado, como un viaje en el tiempo. Fue extraño llegar a la hostería y ser reconocida por su dueña Ana como la nieta de Candel Lopez. La escuchaba mientras preparaba una merienda en la cocina de azulejos azules, idéntica a la cocina de las fotos con mi papá de diez años.  Me contó cómo mi abuelo tenía un rincón para tomar el sol y cómo mi papá se acercaba a esa misma cocina gritándole al hijo de los dueños para ir a jugar. Así salían corriendo al parque enorme, verde, muy arbolado. Ana se hizo cargo del negocio de sus padres, quedó sola, sin niños correteando. Ya no preparaba cenas, sólo el desayuno. Se la veía cansada.   

Me quedé dos días en la hostería, leí en el parque al sol y desayuné en las mismas mesas donde desayunaba mi abuelo. Dormí, observé las aves que revoloteaban, jugué un rato con los perros. Caminando por el parque me impresioné al saber que ese era el único lugar compartido con mi abuelo. El único espacio en el mundo que me permitía imaginarlo, al menos por un instante.


Me alejé de la Hostería con destino a la playita en el Lago Puelo. Sentí de golpe cierto alivio al comprender que mi abuelo Candel fue no sólo un exiliado, un hombre político, sino también un hombre de piel y hueso, una persona real. Su imagen se alejó de la leyenda urbana para transformarse sólo en mi abuelo. Pude visualizarlo con su mirada de aprobación a mi papá que seguía jugando a los piratas desde el tronco empotrado en el fondo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Tarea 1, CURSO CRÓNICAS DE VIAJE con CAROLINA RAYMUNDEZ

Para el que quiera chusmear la página acá encuentra información sobre el curso que se puede hacer a distancia: http://www.periodismoportatil.com/tallerreymundez/

TAREA 1, tengo que presentarme en 2000 caracteres...difícil...

Siempre me puso bastante nerviosa la pregunta: ¨¿A qué te dedicas?¨, apuntando al qué somos, a lo más profundo de nuestro ser. Inmediatamente y para zafar digo  ¨Soy Profesora Universitaria de Inglés¨. Y para completar la respuesta y parecer una persona más interesante agrego: ¨ En este momento también estoy terminando la Escuela de Cine, pude en los últimos años participar en varias producciones de cine, tv y teatro. También me siento cómoda escribiendo guiones cortos.¨ Ahora bien, cuando entro en confianza con las personas me confieso. La docencia me encanta pero dar clases me da de comer, los trabajos de producción me sacan de la rutina. Pero mi esencia es el viaje, el movimiento, ya sea en China como a 20 km de mi ciudad. Me encantaría animarme a contestar lo siguiente: ¨ A viajar, si, claro, yo soy viajera¨. Viajo desde los 21 años. En un comienzo fueron viajes a dedo, lo que me abrió el mundo. Podía de esa manera llegar a cualquier lado aun casi sin dinero. Estuve así tres meses en Europa recorriendo 12 países. Una experiencia que fue bisagra en mi vida. Llegué así a Ushuaia, en el auto de una pareja  que me había levantado en Tolhuin, ya a pocos kilómetros de la ciudad más austral del mundo. Recuerdo patente la sensación de emoción que me inundó cuando vi el mar azul oscuro al final del continente. Lloraba como una nena. Lo mismo sucedió cuando a lo lejos, desde el Pont des Artes, vi la Torre Eiffel imponente tras una niebla que me hacía dudar si lo que estaba mirando era realidad o fantasía. Esos sueños que tuve desde chica, leyendo algún libro de aventura o mirando las películas de Indiana Jones. Yo quería conocer el mundo. Siguieron más viajes a Europa, Marruecos, India, China y el Sudeste Asiático, Brasil, Bolivia y un viaje largo recorriendo toda nuestra variada Latinoamérica…y por supuesto infinidad de viajes en Argentina que me sigue sorprendiendo. Disfruto del encuentro espontáneo con algún alma errante en medio de un caótico y ruidoso mercado de ciudad, como también disfruto del silencio que me ofrece algún paisaje. El último fue un viaje en auto recorriendo en detalle las rutas 40 y 3. Silencio es lo que encontré. En las playitas donde hacía paradas a comer o solo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra. Silencio e inmensidad en el Cañon del Río Oro, con el agua corriendo a 100 metros bajo mis narices. Silencio armando la carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro. Silencio. Te fui a buscar y te encontré. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga. Calculo que esta es la razón por la que viajo y por la que decidí comenzar hace tres años con mi blog para volcar las reflexiones e imágenes que voy recopilando a lo largo del camino. Comencé a escribir notas de viaje para la revista Nosotros del Diario El Litoral de Santa Fe y para el Diario Página 12 de Rosario. Quiero mejorar mi estilo, quiero profesionalizar mi escritura. Por este motivo estoy haciendo este curso, al cual llegué después de leer el libro ¨El mejor trabajo del mundo¨. 

martes, 7 de julio de 2015

Fotos de la Patagonia....

Lago Posadas, el camino es difícil pero al encontrarse con esto uno se olvida de todo...

Bosque en Parque Nacional Los Arrayanes,la luz del sol creo la magia y por poco no vemos duendes saliendo de las piedras....

Cerca de El Chalten....

Estancia Patagonica en Lago Posadas, frente a la estancia hay un muellecito para sentarse a tomar mates y disfrutar de la quietud del Lago...

Parque Nacional Perito Moreno...una familia de guanacos nos sacó unas cuentas sonrisas.

Parque Nacional Perito Moreno, la luz del sol nuevamente haciendo maravillas....

Parque Nacional Perito Moreno,el viento era insoportable pero esta vista, estos colores,apaciguaban las ganas de volver a la carpa...

La ven? La ves? Donde esta? Ahi, Ahi!!,juego eterno recorriendo el Parque Nacional Perito Moreno. Es al atardecer cuando las liebres salen de sus madrigueras y comienzan a divertirse...

Arte sutil, arte precioso, la naturaleza nos enseña....

Publicación en Nosotros de El Litoral el 4 de Julio de 2015

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2015/07/04/nosotros/NOS-06.html?origen=newsletter

Ruta 40, camino de vientos y silencio
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Objetivo de este viaje: aislarse, desconectarse, desenchufarse, encontrarse, respetar los tiempos de la mente y el cuerpo, desaparecer un poquito. La Patagonia es el lugar adecuado para lograrlo, donde todo es tiempo y espacio eterno.
TEXTOs Y FOTOS. REGINA CANDEL MARTÍNEZ.

Salimos una mañana de febrero desde casa con tranquilidad. Teníamos un poco más de un mes por delante de incertidumbres y aventuras por la tierra de lo lejano y lo desconocido. Auto listo y de pronto notamos que cada vez llevamos más cosas. ¡Tan diferente iba a ser este viaje a aquel que hice en 2002 de mochilera! Que no falte nada para recorrer la preciada Ruta 40.
La primera noche, luego de 1.200 km y 16 horas de auto, la pasamos en el hotel de ruta de Casa de Piedra. La noche fue perfecta. Descansados y bien desayunados, salimos hacia Bariloche para hacer noche en Colonia Suiza. Ya con los pies y las ruedas en la Patagonia se comenzó a sentir poco a poco otro aire, tierra rala, aroma a frutos rojos y a ripio. El camino fue inmejorable, con algún que otro camión que nos hacía bajar la velocidad a 40. El paisaje ya prometía, con El Chocón a la izquierda y Piedra del Águila cerca. Finalmente llegamos a Bariloche. Paramos en la estación de gas con mejor vista del mundo: el azul del Nahuel Huapi en su inmensidad mezclado con algunos picos nevados de fondo, entre ellos el Cerro Catedral.
Esa noche armamos campamento en el camping de la playa de Colonia Suiza. Lamentablemente, la música de nuestros vecinos nos acompañó hasta las 5 de la mañana y no nos dejó dormir. Hay gente que no sabe escuchar cuando la Patagonia le habla.
La segunda parada fue en El Bolsón, luego de parar en los lagos Gutiérrez y Guillermo a tomar mates y de una cerveza Berlina en un parador de El Foyel. Tengo una conexión especial con El Bolsón ya que era el lugar elegido por mi abuelo para llevar a mi papá a pasar las vacaciones de verano. Allí estaban dos meses parando en una hostería que aún los recuerda. A mi abuelo nunca llegué a conocerlo; por eso fue raro ser reconocida como la nieta de Candel López.
Seguimos viaje rumbo a Lago Puelo. Fuimos a la playita donde mi papá solía ir todos los veranos. Desde el tronco que aún se ve dentro del lago, él y sus amigos se tiraban y jugaban a ser marineros o piratas. Lo imagino a mi abuelo mirando a Danielito desde la orilla. Dejamos recuerdos imaginados de lado y seguimos. El camino nos hizo pasar por Cholila y, finalmente, el Parque Nacional Los Alerces. El camping que elegimos nos sorprendió con un espacio al lado del lago y rodeado de arrayanes. Un fogoncito y las estrellas para terminar otro día de camino por esta Patagonia inmensa.
Al siguiente día almorzamos en Trevelin, pueblo hermano mellizo de Gaiman por sus antepasados galeses. Uno en cada extremo de la Patagonia. Aquellos pobladores nuevos que se animaron a más, se movilizaron hacia la zona de la cordillera y fundaron Trevelin, que uno nunca sabe dónde acentuar para pronunciar. Desde allí salimos despacio hacia el sur con destino a Río Mayo.
EN CAMINO
Ya tenemos a la Ruta 40 como guía. Nos da mucha curiosidad ver qué sigue, cómo se va a dejar dominar esta ruta mítica que no quiere ser menos que la misma Cordillera de los Andes y que por eso decidió acompañarla de sur a norte. Es raro cómo el km. 0 está -en realidad- en Cabo Vírgenes, sobre el Océano Atlántico, como si un imán la hubiera desviado hacia la cordillera y ya nunca más se hubiesen podido despegar.
Sentimos que aquí empezaba el camino desconocido, aquel con el cual expedicionarios y aventureros soñaron y Francisco P. Moreno como mayor representante y figura destacada a lo largo de toda la ruta 40. Hay un pueblo, un Parque Nacional y un glaciar con su nombre.
Pasamos por Tecka. Paramos en la estación YPF donde había una larga cola para cargar nafta. A partir de aquí comienzan a escasear las posibilidades de llenar el tanque. Parte de la organización del viaje consta en tener bien en claro dónde están las estaciones de servicio y si la carga que hacemos va a ser suficiente para el trayecto siguiente. En varios recorridos tuvimos que llevar nafta en un bidón extra.
Kilómetro a kilómetro vamos entrando en La Patagonia. Ya estamos en Santa Cruz. Nos recibieron guanacos y choiques en la ruta. Al aproximarnos al Lago Buenos Aires, ya en Los Antiguos, sentimos que estábamos al lado del mar. Era tanto el viento que parecían olas de surf que se acercaban a la orilla del lago. Nos asustamos un poco con la idea de acampar,así que conseguimos una cabaña económica.
PAISAJES Y RECUERDOS
Las vistas de la montaña nevada mezclada con meseta, lago y río aturden por su belleza. Si algo envidio de estos lugares es la tranquilidad con la que vive la gente. Puertas abiertas, no hay rejas, las bicicletas en la calle y sin candado. El otro lado de la moneda es el clima que agota. Viento constante, eterno compañero de este paisaje erosionado. Es maravilloso lo que la mano del pionero ha conseguido. Con árboles y un buen aprovechamiento del agua para riego lograron chacras donde se cosechan kilos y kilos de cerezas para exportación y grandes espacios verdes. Vida dura. Gente sonriente. Combinación rara para lo que estamos acostumbrados. De todo se aprende.
Listos para salir. Auto cargado, tanque lleno, mapa a mano para recorrer los 120 km. que separan Los Antiguos de Lago Posadas por el camino interno, conocido como el Camino del Monte Zeballos. Fue entrar a una dimensión paralela, vimos 4 camionetas en dos días, los costados del camino no dejaban de mostrar rarezas, una al lado de la otra, como si uno pasara por varios lugares diferentes del mundo, todos concentrados en unos pocos kilómetros.
Pasamos una noche a mitad de camino. Armamos carpa, fogón y cocinamos. La noche no nos trató muy bien hasta las 2 de la mañana, hora en que finalmente calmaron los vientos y la naturaleza nos dejó descansar. La mañana fue mágica. Nos levantamos con un sol calentito sobre la carpa, el sonido del río corriendo, las aves cantando y las montañas gigantes rodeándonos. Disfrutamos de una caminata, armamos todo y salimos hacia Lago Posadas (o Hipólito Yrigoyen, como aún aparece en los mapas). Es un pequeño pueblo a 80 km. de ripio por la Ruta 40. Desde aquí se sale a recorrer los Lagos Posadas y Pueyrredón. Llegamos agotados al pueblo y con tierra en todos lados. Un buen baño y una buena cena en una posada nos relajaron.
Pasamos dos días al lado del Lago Pueyrredón, en un camping. Silencio. Silencio es lo que finalmente encontramos. En las playitas donde hicimos paradas a comer o sólo a juntar piedritas de los más variados colores. Silencio en la bajada al Arco de Piedra, formación rocosa en medio del Lago Posadas. Silencio e inmensidad en el Cañón del Río Oro, donde uno se recuesta sobre una piedra y mira hacia abajo para encontrar el río corriendo a 100 metros bajo nuestras narices. Es indescriptible la sensación. Ni siquiera sacamos fotos. No tenía sentido ya que sólo iba a estropear el real recuerdo del lugar. Silencio armando nuestra carpa al lado del lago. Silencio frente al fogón con un vino tinto de compañía. Silencio en los atardeceres perfectos donde el sol pegaba contra las montañas y las teñía de cálido. Silencio mientras leía un libro y tomaba un mate. Silencio: te fuimos a buscar y te encontramos.
DE CUEVAS Y LEONAS
Salimos de Lago Posadas hacia la Cueva de las Manos. Dormimos en una estancia desde donde sale un camino de ripio de 20 km. y un trekking de 45 minutos para llegar a la central de guías de las cuevas. Es un paseo más que interesante.
Partimos a la mañana siguiente hacia el Parque Nacional Perito Moreno, uno de los que recibe menos cantidad de visitas al año, a 70 km. desviándose desde la Ruta 40 por camino de ripio. En invierno suele pasar que los guardaparques se quedan aislados por la nieve que hay en el camino. El paisaje nos siguió regalando momentos íntimos con guanacos, liebres y choiques corriendo al costado de la ruta y escapando de nosotros. Fueron dos días de camping libre en el parque.
Viento, viento, viento y más viento constante. Las caminatas se disfrutaron más cuando estábamos entre dos montañas, protegidos. No vimos ni huemules ni pumas. Pero la chance de ver a cualquiera de los dos eran reales y por eso nos manteníamos siempre alertas con la cámara preparada. Dejamos atrás el parque.
EL ÚLTIMO TRAMO
La próxima parada fue en Gobernador Gregores. Llegamos muy cansados y sucios de los dos días de casi no dormir y de no bañarnos. Conseguimos alquilar una cabaña donde pudimos descansar, recuperar fuerzas para el último tirón de esta parte del viaje que concluiría en El Chaltén.
Viajamos desde Gregores hasta el Parador La Leona, que queda a 120 km. de El Chaltén. Supuestamente le pusieron este nombre a fines del siglo XIX recordando cuando Francisco P. Moreno fue atacado por un puma en la zona. Fue paso de los laneros que debían llevar su producción en carretas hasta el puerto sobre el Atlántico. Fue estancia de Butch Cassidy y su patota antes de tener que escapar hacia Chile por el robo al banco de Río Gallegos. Fue el paso y hogar de grandes alpinistas que se animaron al Cerro Torre, al lado del Fitz Roy, considerado una de las cimas más difíciles del mundo.
A la noche llegó un nuevo acampante: Francois. Francés. Ciclista. Muy bien equipado. Armó su carpa de kilo y medio y sacó todo lo necesario para cocinar fideos con atún. Se sumó a la charla y nos aceptó una cerveza. Nos contó de un viaje a Botsawa, África, donde escuchó desde su carpa cómo varios leones atacaban a una hiena a solo metros del lugar. También nos contó de un viaje en velero con su esposa e hijas. Se quedaron dormidos y chocaron. Perdieron todo. Tuvieron que pasar unos días en una isla desierta hasta que encontraron a unos pobladores. A los pocos días volvieron a casa. Nos contó también del viaje a Patagonia. Lleva 2.400 km. de pedaleo, día tras día, la mayoría solo. Nos contó finalmente que había optado por este viaje luego de la muerte de su esposa. Ella tenía 67 años. Él tiene 70. Me había olvidado de mencionar este detalle. La vida pasa rápido, pero cuando hay camino recorrido parece mucho, muchísimo más larga.
* * *
Final del viaje. Se ve el Fitz Roy nevado desde la ruta. Llegamos a El Chaltén. En estas tierras, Argentina usa guardapolvos blancos y tiene como juguete de cabecera el soldadito de plástico verde. En estas tierras, Argentina no tiene rejas ni puertas de seguridad. En estas tierras, Argentina parece otra.
HISTORIAS
• A la gente le gusta contar historias, las propias y las de otros. Estoy sentada sola en la plaza del pueblo, un hombre se me acerca de a poquito. Quería contarme cómo había cambiado su vida. Se jubiló y se vino de Adrogué a este pueblo. Se construyó la casa, “y que ahora me vengan a visitar los nietos”.
Una profesora de inglés decidió cambiar rotundamente su vida. Se vino con 45 años y sus hijos a cubrir el puesto de teacher que tenía la escuela secundaria. De cobrar 4.000 pesos pasó a un básico de 10.000, sin contar antigüedad ni zona desfavorable, y pasó de tener 300 a 25 alumnos.
Ruta 40, camino de vientos y silencio
Los guanacos, fieles compañeros de ruta por Santa Cruz.
6_LAGO Y ARBOLES WEB.JPG
Una de las tantas postales que la Patagonia regala al viajero.
EL CACIQUE INACAYAL
En Tecka está el mausoleo del cacique Inacayal y toda su familia. Él y su gente tuvieron una vida de guerreros apoyando al Estado argentino, hasta que fueron menospreciados y echados de sus tierras. Los mandaron a Buenos Aires como ganado a cumplir roles de servidumbre.
Francisco P. Moreno les regaló al menos un poco de decencia llevándolos a trabajar al Museo de La Plata. El cacique falleció lejos de su tierra. Sus restos fueron trasladados después de muchos años y enterrados finalmente en Tecka.
+datos
CONTACTO
Regina Candel Martínez: e-mail: regicandel@hotmail.com; en Internet: www.uniendo-caminos.blogspot.com.ar.


lunes, 29 de junio de 2015

Publicación Pagina 12 Rosario 29 de Junio 2015

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-49901-2015-06-29.html

Salio Publicado el texto sobre Rio de Janeiro!!

Rio de Janeiro es....

Río de Janeiro es... Por Regina Candel

Risas y voces que quieren elevarse a lo alto del morro.
Gigantografías andantes.
Small, médium pero principalmente large.
Arboles y plantas que desbordan del cemento.
Mujeres pulposas con escotes pronunciados que llaman al pecado
y calzas que marcan sus curvas y se calcan con las ondulaciones juguetones de los morros.
Todo suena alto.
Los pájaros desde el Fuerte de Copacabana gritan cuando pasan cerca.
Las personas en el bar de Largo do Machado elevan sus palabras para poder escucharse.
Las bocinas, los motores de las motos, los autos, los buses, los taxis....
No cesan nunca y se escabullen en la multitud
como si fueran pequeñas hormigas tratando de llegar a algún lado.
La miseria, presente, muy presente
y también pulposa, exagerada, mostrando los rincones más patéticos.
Locos, hambrientos, sucios, drogados, descalzos, abandonados, perdidos
Hombres, mujeres, niños, abuelos, madres, niños.
Linyeras que son más que linyeras, sin la mínima noción de propiedad,
Ni casa, ni ropa, ni familia, ni comida, ni baño, ni esquina, ni esperanza de futuro.... nada.
Río de Janeiro es dos mundos en paralelo,
Risas y llanto, amor y odio.
Provoca extremos
Locura
Que atrapa
Caos
Que te hace bailar
Miseria
Que te hace ignorar.

Contratapa!


martes, 23 de junio de 2015

Rio de Janeiro es...





Rio de Janeiro es….

Risas y voces que quieren elevarse a lo alto del morro.
Gigantografías andantes.
Small, médium pero principalmente large.
Árboles y plantas que desbordan del cemento.
Mujeres pulposas con escotes pronunciados que llaman al pecado
y calzas que marcan sus curvas y se calcan con las ondulaciones juguetones de los morros.

Todo suena alto.
Los pájaros desde el Fuerte de Copacabana gritan cuando pasan cerca.
Las personas en el bar de Largo do Machado elevan sus palabras para poder escucharse.
Las bocinas, los motores de las motos, los autos, los buses, los taxis….
No cesan nunca y se escabullen en la multitud
como si fueran pequeñas hormigas tratando de llegar a algún lado.

La miseria, presente, muy presente
y también pulposa, exagerada, mostrando los rincones más patéticos.
Locos, hambrientos, sucios, drogados, descalzos, abandonados, perdidos
Hombres, mujeres, niños, abuelos, madres, niños.
Linyeras que son más que linyeras, sin la mínima noción de propiedad,
Ni casa, ni ropa, ni familia, ni comida, ni baño, ni esquina, ni esperanza de futuro…. nada.

Río de Janeiro es dos mundos en paralelo,
Risas y llanto, amor y odio.
Provoca extremos
Locura
Que atrapa
Caos
Que te hace bailar
Miseria
Que te hace ignorar.



sábado, 16 de mayo de 2015

Ultimas fotos dela Muestra ¨Miradas de la India¨....

Mujer en el fuerte de Jaisalmer, me hizo acordar a Chefchauen, en Marruecos.




Cartel Cine
(Bombay)
Entre divertido y apasionado, naive y dramático. Es difícil definir el cine de la India. Gran industria. El gigante Bollywood que juega con la imaginación del público. Una pantalla que representa sólo a las castas más altas, donde las pieles son blancas, donde no hay olores desagradables. Donde los personajes son ricos, donde el sexo no es tabu, donde una mujer puede tener novio e ir al cine abrazada de su brazo. Donde una mujer puede volver después de las 6 de la tarde a la casa sin que sea considerada pecadora. Un mundo de fantasía. El cine es el cine, acá y en la China.














Mujer cocinando
(Kajuraho)
Desde el balconcito de la habitación la descubro. Ella nunca sabe que hay alguien observándola. Está en la terraza/cocina de su casa. Por un espacio largo de tiempo ella no hace más que amasar, moldear y hornear pan. Hace su labor con esmero.  Lo disfruta. Sabe que con esos panes redondos va a alimentar a su familia y los que sobran seguro que los vende para comprar más harina o arroz. Su vida es tan sencilla y se la ve tan feliz. Disfruto mi desayuno con ganas.




Mujer con nene
(Jaisalmer)
Salgo del hostel por primera vez para descubrir Jaisalmer. En la primera esquina veo a este bebé mirándome con sus ojos oscuros, penetrantes, inocentes.  Tiene pintura de ojos en la parte inferior. Necesidad de los adultos de creer que el khol los va a proteger de un mundo mágico de demonios y maldades.





Mujer vendiendo
(Jaisalmer)
No sé si ella me mira a mí o a la cámara. O bien me está obsequiando su rostro, su gesto, sus movimientos o bien me está queriendo vender una pulsera de plata sólo con un guiño. Good quality madam. Good Price madam. No quiero comprar, pero su éxito reside en la insistencia. Me acerco, miro sus productos y le muestro la foto que le acabo de sacar. Puedo ver de cerca cómo esos ojos grises se agrandan sorprendida, calculo, de su propia belleza.



Mujeres trabajando
(Parque Nacional Bandhargar)
Sus cuerpos delgados engañan. Son mujeres fuertes, firmes. Sus manos están percudidas de tanto trabajo en la cocina, en la tierra, en la construcción de sus casas, en la crianza de sus hijos. Son modelos en la pasarela del esfuerzo.