viernes, 31 de octubre de 2014

Artículo en Pagina 12 Rosario. 30 de Octubre.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-46465-2014-10-30.html

En la ciudad celeste

 Por Regina Candel
Es un mediodía muy caluroso. Tanto que tengo que cubrirme la cabeza con el turbante verde que me compré. Camino sin rumbo definido en el laberinto celeste. Subo unas escaleras y me encuentro con un hombre vestido de blanco vendiendo castañas y un gato que me mira como hipnotizado, me sigue los pasos con sus ojos almendrados. Por allá veo una calle un poco más angosta, ingreso y el aire se despeja de pronto en una plaza blanca, pequeña con personas sentadas bajo la sombra en sus costados. La mayoría son hombres con sus taqiyas en la cabeza. Miran pasar el tiempo, mientras saborean un té de menta fuerte, el aroma me inunda. La única mujer que está sentada en uno de los cafés no es local, nos miramos, curiosas. Sin decirnos nada, sin conocernos, sentimos ya cierta admiración una de la otra. Somos mujeres solas en un país donde lo femenino es tapado, donde ser mujer es sinónimo de ama de casa, donde el hombre no comprende que seamos viajeras con A.
Me acerco y nos saludamos en inglés. Me invita a sentar y ahora yo también saboreo un té de menta con mucha azúcar, como se toma allí. Tan dulce que empalaga. Dos mujeres pasan caminando y les causamos gracia por algún motivo. "Tourist. Tourist", me dicen señalándola a la mujer. Parecen conocerse. Son muy simpáticas. Se van hablando entre ellas. Su nombre es Liesbeth y me cuenta que ya no es turista, que dejó de serlo cuando pisó este pueblo encantado, hace ya 5 años. La vida en su país la había llevado a la necesidad inminente de un cambio. Casada por 30 años. Se enamoró de otro hombre. Decidió no quedarse, no podía lidiar con la presión social que la ahogaba. No podía seguir casada, pero tampoco podía comenzar una vida junto a otra persona, sintió que el mundo la condenaría. Se fue. La vida es fugaz, no da tiempo para hacer demasiado, ella es una de esas personas que se animó a aprovechar su tiempo y modificó estructuras para recrearse. No muchos son tan valientes.
Nos despedimos con la promesa de un nuevo encuentro. Sin agendas. Sin horarios. Y así fue.
Son las 5 de la mañana y los rezos por los altoparlantes me despiertan. Salgo de mi bolsa de dormir y me quedo pegada a la pequeña ventana de mi habitación. Me duele el cuerpo. Tal vez el suelo no es el mejor colchón. La vista del cielo rojizo del amanecer, los sonidos intensos de las voces en el cielo y la silueta de las casas celestes prometen otro día de hallazgos extraños en una ciudad donde el límite entre la magia y la realidad es difícil de reconocer.
Nuevamente el encuentro casual con Liesbeth se da en un café, una terraza a la cual yo ya había ido varias veces ya que me gustaba para sentarme sola a leer y tomar un té. Me habían quedado muchas ganas de hablar con ella, una de las contadas personas que me entendía cuando hablaba de mover piezas de un rompecabezas, de no ser estable, de lo hermosa y mágica que puede ser la vida si uno se lo permite.
Luego de una larga conversación, interrumpida por algún vendedor que ofrecía chalinas de los colores más increíbles, alguna mirada curiosa de los jóvenes que pasaban tomados de la mano o algún niño pidiendo comida, salimos del café a caminar hacia la nueva casa de Liesbeth. Había decidido vender todo para comprar esta casa y poner allí su galería de arte. Llegamos frente a la puerta de madera antigua. La abrió en cámara lenta y de golpe me vi adentro de un cuento de hadas y de alfombras mágicas. La casa era totalmente blanca y tenía espacios circulares, las paredes se unían de manera tal que uno sentía estar dentro de un huevo gigante y cálido. No tenía casi muebles. En las revistas de decoración le dirían estilo minimalista, Liesbeth sólo me explicó que no quería comprar cosas innecesarias. Lo que tenía era más que suficiente para vivir bien y cómoda. Me convidó con té y me contó sobre su proyecto. Se hizo de noche. Me fui de su casa sabiendo que no la volvería a ver.
Marruecos me obsequió estas apariciones, personas fantasmas, que desaparecen dejando una estela de ideas y sensaciones que después de mucho tiempo aún subsisten.

martes, 28 de octubre de 2014

Artículo en revista Nosotros de El Litoral. 25 de octubre de 2014

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/10/25/nosotros/NOS-07.html

Por el placer de correr
Por el placer de correr

Una experiencia única que permitió combinar dos placeres, correr y viajar, es la que se relata aquí. Se trata de la media maratón de Puerto Iguazú que se concretó a fines de septiembre; una oportunidad de poner a prueba cuerpo y mente.
TEXTOS REGINA CANDEL. FOTOS. REGINA CANDEL y MONICA PATRICIA MARTINEZ
No me defino como corredora, aunque hace ya un año y medio estoy entrenando con un grupo (liderado por el Prof. Horacio Pernicano). Las mejoras en capacidad muscular y cardiovascular son notables. Pero la importancia reside en que correr me enseñó a ser más positiva y a creer en mi misma. Coraje y confianza son dos hermosas palabras para explicar lo que correr significa para muchos que arrancan y no pueden parar.
El running, otra palabra del inglés que se naturaliza y casi pasa a ser parte de nuestro diccionario, se ha masificado notablemente en los últimos años. Cada carrera es un evento que une a personas de todas las edades e intereses. Hay siempre un grupo de elite que va a hacer buen tiempo, a competir, mientras que la mayoría vamos a participar y a sentir la libertad de correr por correr, como cuando éramos niños; tratar de llegar a la meta final y si se puede hacer un tiempo un “poquitín” mejor que la carrera anterior.
Hace poco leí un artículo en la Revista “Ñ”, donde Daniel Ulanovsky Sack decía: “Correr es democrático; en una carrera de 10 km. se pueden encontrar, en primera línea, a algunos corredores de elite y, en el fondo, a una familia con sobrepeso que empieza a tomar el toro por las astas”. Pero no sólo es el entrenamiento o el estilo de vida que hace al deporte tan igualitario. Pensemos en países como Kenia. Hoy día los keniatas son los atletas campeones del mundo, se destacan notablemente. Niños que tienen casi nada, muchas veces ni zapatillas, logran con constancia y entrenamiento ser adultos reconocidos mundialmente por los tiempos que hacen. Las ganas de salir de la pobreza los acercan al deporte, tienen una motivación clara y disfrutan del proceso con alegría. Si las cosas en el mundo se manejaran de esta manera, sólo los que realmente se esfuerzan, se ponen metas y son felices en el proceso de lograrlas podrían conseguir algo. Viviríamos en una real democracia. El running permite eso.
EN SUS MARCAS
Mi meta era correr mi primera carrera de 21 km., o sea una Media Maratón. Una amiga me propuso que para que realmente me sintiera motivada a entrenar tenía que combinar la carrera con un viaje. Así fue que seleccioné la Media Maratón de Puerto Iguazú organizada por Run Argentina. La competencia comienza en el mismo momento en que uno se inscribe. Todo se modifica. Una comienza a pensar bien lo que come y trata de no beber más que agua y jugos, las salidas se limitan un poco ya que si se sale el viernes, el sábado a la mañana no se tiene la energía necesaria para que el entrenamiento sea completo. Algunos amigos te llaman “la rompe asados” ya que muchas veces tenés que decir que no vas. Dormir y comer bien son esenciales para que el entrenamiento realmente esté concentrado en lograr un objetivo.
Mi esposo también iba a correr conmigo, pero finalmente no pudo por trabajo. Yo decidí que aunque fuera sola hasta Iguazú, la carrera la hacía como sea. Me había preparado. No podía echarme atrás. Lo que iba a ser un viaje de placer en pareja se transformó en un doble desafío: no solo transitar mis primeros 21 km., sino también enfrentarlo sola.
En estas carreras, el esfuerzo de los últimos kilómetros está motivado por llegar al abrazo de tus amigos o familiares. Yo me ví llegando a la meta a abrazar un árbol (por suerte en Puerto Iguazú hay muchos, imaginen si la carrera era en el desierto de Atacama). Creo que esta imagen conmocionó a mi madre de tal manera que dejó todo lo suyo por acompañarme y estar presente en ese momento tan importante para mí. Luego se sumó una amiga; así que ya éramos tres las aventureras hacia la selva misionera.
Con todos los preparativos -auto revisado, zapatillas en el bolso, mate y budín casero- salimos a la ruta. Cruzando desde Entre Ríos a Corrientes nos paró, primero, la policía y nos pidió los papeles. Todo en orden, seguimos viaje. A los 10 minutos nos paró un gendarme. Un hombre morocho, grandote, calculo que a punto de jubilarse. Nos pidió los papeles y mi madre le comentó que ya nos los habían pedido poco tiempo atrás. El hombre solo contesta: - ¿Entonces para qué se los voy a pedir de vuelta? Sigan nomás-. Me dio mucha ternura su confianza. Cuando viaja, uno despierta los sentidos y descubre en pocas palabras grandes significados.
Cañaverales, timbúes, lapachos rosados, palmeras, aromitos. Estas bellezas adornan el camino. Ñandúes y caranchos se hacen notar . Es la sexta vez que voy a Misiones, siempre entré y me fui feliz. Está como la recuerdo. Su vegetación, su tierra roja y principalmente su gente hacen de ésta la provincia más increíble del país. Lástima la selva que por momentos se ve chiquita, tratando de ganar espacio por debajo de los pinos productivos. Es como si la selva fuese la vaga de la clase, la que no se merece el tiempo de cuidado, mientras que los pinos son trabajadores, altivos, con un destino definido. Es triste pero cierto.
LA CARRERA
La primera parada la hicimos en San Ignacio, llegamos de noche, con lluvia. En un supermercado, la mujer me ofrece repetidas veces carne entrerriana, la mejor. Aunque no pensábamos hacer ningún asado, me dieron ganas de comprar sólo por la energía y la buena atención de la mujer.
Segundo día de ruta con destino a Puerto Iguazú. Parece un sube y baja de la plaza. Cada vez que bajamos descubrimos un paisaje nuevo con casas de madera a los costados, algún puestito de venta de orquídeas o algún camino de tierra que lleva vaya uno a saber dónde. Llegamos cansadas. Aparecen carteles amarillos al costado de la ruta anunciando que puede cruzarse un coatí en el camino. Bajamos la velocidad al ritmo de la selva.
Si esto fuera un cuento, diría que estamos en el climax. La emoción sube y este viaje se siente en algún punto como una peregrinación. Y es en este momento que me pregunto: ¿Por qué me vengo de tan lejos a hacer algo que puedo hacer en casa?
Esa misma tarde voy a buscar el kit de corredora. Soy la número 179. Tengo mi remera y mis medias de regalo. Con el kit también vienen las ganas de correr. Charla técnica. Somos 500 corredores escuchando atentamente cómo va a ser el recorrido y dónde van a estar los puestos de hidratación. Nos preparan mentalmente a enfrentar no sólo los 21 km. sino las subidas pronunciadas y la lluvia probable para el día siguiente.
Al otro día nos levantamos temprano, el desayuno es completo. Me visto de corredora y salimos hacia la entrada del Parque Nacional desde donde parte la carrera. La emoción crece, es un sentimiento extraño que no lo entendía en otros hasta que corrí mi primera carrera de 10 km. en Santa Fe, en 2013. Comienza, salimos todos con alegría. La lluvia cae pero no molesta. Me alegro de no haber corrido con música. Pude interactuar con otros corredores venidos de Brasil, Chile y de los lugares más lejanos de Argentina. Pude escuchar los ruidos de la selva, algún ave, los árboles que se movían por la brisa. También pude escuchar los gritos de la gente que pasaba en autos y colectivos que nos alentaba a seguir.
Fui a mi ritmo, poco a poco cubrí los kilómetros, los disfruté. Cuando estaba en los últimos minutos de carrera ví a una familia en una curva y les pregunté cuánto faltaba: “estás a 300 metros del final”. En ese momento sentí una adrenalina que me hizo subir la velocidad, se me caían lágrimas de los ojos. Estaba emocionada, lo había logrado. Crucé la meta y ahí estaban mi mamá y mi amiga para abrazarme.
FINAL Y NUEVO COMIENZO
El viaje no terminaba allí. Después de la carrera entramos al Parque Nacional. El espectáculo es impactante ya que el caudal es enorme este año. Me ha tocado ir otros años con casi nada de agua, que también está bueno porque se puede cruzar a la isla San Martín y ver la Garganta del Diablo. Esta vez todo era agua.
En el recorrido vimos mariposas amarillas y azules, coatíes y muchos monos, que lamentablemente se acercan a la gente ya que muchos siguen dándoles comida cuando cada vez hay más carteles que avisan que está prohibido.
Al siguiente día cruzamos a Brasil, comimos comida brasilera, compramos feijao y farofa en un supermercado y quisimos ir a ver las Cataratas, pero el precio nos pareció excesivo. No hay precio Mercosur, por lo que los argentinos tenemos que pagar lo mismo que paga un canadiense. No tiene mucha lógica, así que volvimos a Puerto Iguazú.
Había que organizar el regreso a Santa Fe. Lamentablemente la lluvia torrencial hizo varios destrozos en la ruta, fuimos despacio, disfrutando de las últimas horas rodeadas de selva y dormimos en Apóstoles, al sur de Misiones, casi cayéndonos a Corrientes, donde comienza la ruta de la Yerba.
Llegamos con tormenta fuerte, truenos, relámpagos y hasta piedras, pero llegamos. La rotisería donde compramos la pizza era atendida por dos hermanos, igualitos. Eran en realidad dos varones y dos mujeres; cuatrillizos. Únicos por no ser producto de ningún tratamiento de inseminación artificial. Son 7 hermanos en total. Siete vidas duras, de estudio y de trabajo sumado a una mamá que se tuvo que ir a Río Gallegos a trabajar de maestra jardinera ya que en Misiones la búsqueda de empleo nunca fue sencilla. Desde allá a lo lejos la madre siempre los ayudó económicamente. Las mujeres de la familia, embarazadas desde chicas. Una familia numerosa. Lo que me impactó fue cómo nos contaron su vida tan abiertamente en unos pocos minutos. Justo cuando llegaban al tiempo presente de su relato la pizza ya estaba en su caja. Historias de vidas reales que una conoce en la ruta.
* * *
Llegamos a casa. Como yo, otras 500 personas deben estar sintiendo lo mismo. Haber cumplido una meta.
Hay miles en el mundo que entrenan y se proponen año a año cruzar sus propios límites. Y lo hermoso es que cualquiera que dice “no, no...yo no puedo correr. No sirvo para eso”, puede salir cualquier día y empezar a probar. Con el tiempo se va a dar cuenta que se puede. Lo digo con total conocimiento de causa, ya que yo era una de esas personas. Pensándolo con más detenimiento, tal vez ahora sí me defina como corredora. Si al final de cuentas, es cuestión de ponerse una meta y disfrutar del camino... Como viajar.
+info
PARA PARTICIPAR
Para anotarse en la próxima edición de la carrera (y en otras carreras alrededor del país): www.runargentina.com
10_COATI SOBRE ARBOL COPIA.JPG
coatí sobre un árbol.
10_FLOR RARA COPIA.JPG
extraño exponente de la flora local.
10_AGUA EN MOVIMIENTO COPIA.JPG
postal majestuosa de las cataratas.

viernes, 10 de octubre de 2014

Algunas fotos que comparto con ustedes....

Mi mamá me hizo conocer una página que te permite editar fotos con distintos formatos...me encantó. Super divertido! Acá van algunas fotos seleccionadas de varios viajes!

Disfrutenlas!

http://slide.ly/view/08d83c92415b6e311dda0e67cd5670c3?utm_source=Fb_ORG_Share