martes, 16 de abril de 2013

Camboya


Camboya, un imperio olvidado
El contraste con Tailandia, el país que ya había recorrido la autora, es notable. Una realidad social que duele, el arte que se abre paso entre un paisaje gris, y un pasado que explica buena parte del presente.
TEXTOS Y FOTOS. REGINA CANDEL.
Camboya, un imperio olvidado
Ankor Wat
Entramos a Camboya, desde Tailandia, por tierra. Aunque enfrentar el cruce de fronteras es uno de los miedos de viajar por el sudeste asiático, no hubo problema en ninguna de ellas. Claro que tuvimos la precaución de leer mucho antes de hacer los cruces para no tener sorpresas.
El viaje hacia Camboya comenzó desde Bangkok hacia el pueblo de frontera Aranyaprathet. Este traslado se puede hacer en tren o en bus. Al llegar allí una cantidad de tuk tuk “atacan” al viajero para llevarlo hasta la oficina de cruce que queda a sólo 10 cuadras (se puede hacer caminando sin problemas). Es allí donde se necesita tener más cuidado ya que hay personas que dicen vender la visa oficial para ingresar a Camboya por una suma mayor de la que cuesta realmente. Esta visa tiene un valor de U$ 20 y no hay que pagar más que esto.
La visa se puede obtener directamente en la frontera, no hay que hacer el trámite previamente como ocurre con la visa china. Las situaciones de frontera son siempre tensas, pero si se está informado no hay casi ninguna posibilidad de sufrir algún engaño. Hay que mostrarse siempre seguro de lo que uno quiere e ignorar a quienes ofrecen cosas que no nos interesan.
Del lado camboyano el pueblo se llama Poipet. Es notable el cambio que se comienza a sentir cuando pasamos de un país a otro. La primera sensación que uno tiene es de una Camboya amarronada, triste, desorganizada, pobre, muy pobre. Más, considerando que cruzamos desde Tailandia, el país más desarrollado de todo el sudeste asiático. Cuando uno cruza, lo llevan en un bus gratuito hasta la terminal de ómnibus del pueblo desde donde salen colectivos y taxis hasta Siem Reap. Allí también hay un lugar de cambio de moneda, pero no conviene cambiar mucho ya que se puede pagar en dólares y si te tienen que dar cambio lo hacen en rieles, la moneda oficial del país.
Mientras esperábamos por nuestro sello en el pasaporte conocimos a una pareja argentina, así que decidimos pagar el taxi a U$ 12 cada uno (en vez de U$ 9 en bus). Cuando llegamos a las afueras de Siem Reap, el taxi se detuvo en una parada de tuk tuk haciéndonos entender que nos teníamos que bajar allí y tomar uno hasta el centro de la ciudad. Como nuestro arreglo había sido -claramente- que íbamos con el taxi hasta el centro, le discutimos al chofer y no nos bajamos del auto hasta que se cumpliera con lo prometido. Así fue. Unos amigos nos habían comentado que esto podía pasar y por eso es que reaccionamos así; sin esta información y con la confusión que genera estar en un país nuevo sin entender el idioma, hubiéramos caído en el engaño. Por eso es muy importante leer foros y guías de viaje antes de llegar a cualquier país nuevo.
Algo parecido nos pasó al llegar a Phnom Phen. Eran las 7 de la mañana y sólo teníamos una idea vaga de nuestra ubicación en la ciudad, pero no contábamos con la guía de viaje y con los mapas. Al llegar en bus se acercaron varios tuk tuk a ofrecernos un viaje hasta el hotel que habíamos reservado por booking.com. El chofer nos pidió U$ 6 por el viaje y en el mundo del regateo hicimos nuestra propuesta de U$ 4. Luego nos enteramos de que los camboyanos pagan U$ 2 por el mismo viaje. Todo, absolutamente todo, se regatea en el sudeste asiático.
ENTRE MARRÓN Y GRIS
Sólo estuvimos 6 días en Camboya y el recorrido abarcó Siem Reap y su capital Phnom Phen. Para salir del país hacia Vietnam decidimos hacerlo por el río. Desde la capital se puede tomar una lancha rápida que sale un poco más cara que un bus (U$ 23), pero que te lleva directamente a Chau Doc, el primer pueblo vietnamita sobre el Delta del Mekong, o sea que te llevan a hacer el cruce de frontera (si se quiere hacer este recorrido, el único requisito es tener la visa de Vietnam, ya que en esta frontera no se puede realizar).
Durante estos escasos seis días pudimos, al menos, tener un pantallazo de la realidad camboyana, y sentimos lo diferente que ha sido su historia y cómo ese pasado ha moldeado la vida de la población.
Camboya es un pueblo muy sufrido. Vimos muchos chicos trabajando, vendiendo cosas y pidiendo limosnas. En los Templos de Ankor Wat había muchos niños y niñas de no más de cuatro o cinco años vendiendo pulseritas. En el recorrido de los templos se nos acercó un niño de 10 años, que hablaba un excelente inglés, a pedirnos dinero para su escuela; nos mostró un cuaderno con ejercicios y una lista de gente que ya le había dado alguna ayuda. Sin saber bien qué hacer, si creerle o no, le dimos algo de dinero y antes de irnos nos pidió más para su comida. Se viven muchas de estas situaciones en Camboya.
Desde Phnom Phen hasta El Santuario de Vida Salvaje Tamao, al norte de la ciudad, entramos por una calle de tierra donde vimos filas de mujeres muy arrugadas y con caras de cansancio pidiendo dinero a la gente que pasaba con auto, moto o tuk tuk. Todas tiraban agua a los autos y se levantaban de manera desesperada cuando veían venir un vehículo. Muchos, lo único que dejaban, era una nube de polvo y de tierra. Y las abuelas sólo se quedaban con la ilusión de que el próximo auto sí dejaría alguna moneda para ayudar a la familia. Nunca en la vida habíamos visto una fila tan larga de personas mendigando.
Mientras desayuno observo el puesto de comidas frente al hostel. Mientras cocina, la señora con vestido floreado cuida de los muchos chicos que la rodean. No sé si son hijos o nietos. Lava los platos usados en cuclillas espiando a ver si llega un nuevo cliente. Me pregunto de pronto qué cosas le pasan a ella como mujer: qué estará pensando en este momento, qué cosas le preocupan, qué sentimientos tiene usualmente, lloró alguna vez por un hombre, qué piensa cuando está en su casa, sola. Me imagino que tal vez, en el fondo, no somos tan diferentes ella y yo.¿Tenemos realmente deseos tan diferentes? Envidio el amor de sus hijos y nietos, los cuidados que les da. ¿Ella envidiará mi libertad para viajar?, me pregunto.
EN BICI POR EL ANTIGUO IMPERIO
Siem Reap es conocido mundialmente por ser la ciudad desde donde se visita el complejo de templos Khmer de Ankor Wat. En las guías se equipara la importancia histórica y arqueológica de estos templos con el Machu Pichu y el Taj Mahal. Y hasta aparece su silueta en el medio de la bandera Camboyana. La Unesco lo nombró como Herencia de la Humanidad. Se pueden ver imágenes en http://whc.unesco.org/en/list/668/gallery/.
La entrada es de U$ 20; no es barato, pero no se puede dejar de hacer. Muchos de los viajeros que conocimos habían hecho muchos kilómetros sólo para ver este lugar. El complejo comienza a 6 km. de la ciudad y se puede ir en tour, en tuk tuk o en bici. Nosotros optamos por esto último (U$ 2 por día), lo que nos permitió no sólo conocer los templos más importantes sino también perdernos en los caminos de tierra rodeados de árboles por donde no pasa nadie. Llegando al final de uno de estos caminos, observamos cómo detrás de los árboles se descubría el templo Bayon, imponente, gris puro, bello con el sol que comenzaba a esconderse detrás de sus muros. Una de esas imágenes que nunca se borran en la vida.
Para hacerse una idea del lugar hay que imaginar que se está en una película de Indiana Jones o Tomb Rider, y entrar en la aventura.
UN PERÍODO TRÁGICO
El pueblo camboyano fue víctima de uno de los genocidios más espantosos en la historia de la humanidad. El Khmer Rouge, un grupo de comunistas extremistas, consigue el poder en el año 1975 y duran hasta el año 1979. Durante estos pocos años, el país fue literalmente destruído. La política de Pol Pot, el líder del Khmer Rouge, fue la de volver a una economía agrícola colectivista y cortar casi todo tipo de desarrollo industrial, en conjunto con un fundamentalismo de la autosuficiencia. Llevó a toda la población hacia el campo, dejando las ciudades vacías. Obligó a toda su población (hombres, mujeres, ancianos y niños) a trabajos forzados y torturó, encerró y asesinó a todo aquel que no estuviera de acuerdo con su nuevo plan. Muchos murieron de hambre y por enfermedades, ya que no había infraestructura para nada que no fuera trabajar en el campo. Y, además, la autosuficiencia dictó que no se importaran medicamentos para enfermedades como la malaria o el cólera.
Se estima que murieron, durante este proceso, entre 2 y 3 millones de personas. En Phnom Phen se puede visitar el Museo del Genocidio Tuol Sleng que fue, durante esos años, centro de detención y tortura. El lugar se conserva tal cual fue descubierto cuando el Khmer Rouge fue sacado del poder por una intervención extranjera.
Cuando el genocidio cruza fronteras y el pueblo vietnamita comienza a verse afectado por las decisiones de Pol Pot y su gente, Vietnam decide involucrarse y finalmente saca al Khmer Rouge del poder. De todas maneras y a pesar de la masacre provocada por este grupo político extremista, durante los siguientes años el Khmer Rouge siguió desestabilizando a toda la zona hasta finales de los años ‘90. Diez años después de la caída del bloque soviético y de la salida de la presencia vietnamita en Camboya, el Khmer Rouge dejó de ser utilitario para aquellos países (Tailandia, Estados Unidos y Gran Bretaña) que lo usaban para mantener cierto balance de poder contra los estados comunistas del sudeste asiático, principalmente Vietnam.
Solo cuando el Khmer Rouge perdió todo tipo de apoyo y se terminó disolviendo, fue que el pueblo camboyano logró cierta paz y estabilidad y pudo comenzar a tener el desarrollo que el resto de los países asiáticos venían teniendo desde hacía ya muchos años. Vemos así cómo el paso del Khmer Rouge por Camboya destruyó sus posibilidades como nación de crecer a la par de sus vecinos. Y entendemos entonces un poco más la realidad de la pobreza actual.
LA GRANDEZA PERDIDA
Camboya es un país que conserva el espíritu de imperio que fue pero que, lamentablemente, no ha sabido conservar la grandeza que en algún momento lo caracterizó. Aún mantienen la figura del rey al que, como en Tailandia, se lo considera como un quasi-rey. Durante los seis días que estuvimos, fuimos testigos de la devoción hacia el rey padre, que falleció el pasado mes de octubre y recién en febrero de este año lo estaban velando. La despedida duró varios días, el país estuvo de luto y las fotos del rey estaban por todos lados, incluso vendían escarapelas y posters con su rostro.
UN PAÍS DE ARTISTAS
En Siem Reap pudimos visitar la Escuela de cerámica, la Escuela de pintura y a los Artisans d’Ankor. Los tres lugares comparten el objetivo de conservar la cultura artística Khmer en los diseños y en los materiales. Las obras que realizan se envían a todo el mundo: algunas piezas son únicas y de una belleza alucinante. Se pueden ver algunas obras en la siguiente página: www.artisansdangkor.com
SORPRESA DEL ÚLTIMO DÍA
Eran las 3 de la tarde y estábamos caminando por las calles de Phnom Phen cuando el ruido de algún animal nos hizo mirar hacia arriba. Teníamos delante de nosotros un árbol muy alto. Parecía tener pájaros gigantes volando alrededor, pero cuando agudizamos un poco la vista vimos lo que realmente eran: murciélagos gigantes diurnos, los llamados zorros voladores. Impresionante, un regalo de este viaje porque ya no es habitual verlos en la ciudad. Después de dos minutos comenzaron a volar todos juntos hacia otro destino. Eran no menos de 100 murciélagos gigantes volando sobre nuestras cabezas.
más datos
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Artesanos de cerámica. Piezas únicas y de una belleza sorprendente.
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Un matrimonio en Camboya.
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Un monje frente al imponente templo Bayon.
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Niño en uno de los templos.
¿EL PAÍS CON MAYOR CANTIDAD DE HUÉRFANOS?
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Hay infinidad de bibliografía y propaganda en Camboya sobre la cantidad de niños huérfanos viviendo en orfanatos a lo largo del país. La realidad de pobreza, miseria, y muerte durante los últimos 40 años ha dejado a muchos niños sin padres. Las preguntas surgen: ¿Es por desnutrición que mueren las madres? ¿Es consecuencia del alto nivel de personas con HIV que los niños pierden a sus padres? ¿Es consecuencia del cruel asesinato de miles de personas en manos del Khmer Rouge que quedaron tantas familias sin padres por generaciones? ¿O es que los padres no cuentan con el suficiente dinero para poder dar alimentación y educación a sus hijos, y prefieren entregarlos a los orfanatos donde, supuestamente, van a estar mejor cuidados? Triste pero cierto.
Dentro de las actividades para hacer en Camboya se promocionan las visitas a los orfanatos al mismo nivel que las visitas a los templos, ir al Santuario de Vida Salvaje o hacerse un masaje al estilo Tai. Una propaganda gráfica que me impresionó mucho. Allí se ven a dos niños camboyanos, dentro de una vitrina, con gente alrededor, turistas sacándoles fotos y un texto que dice: “Los niños no son atracciones turísticas. Piensa antes de visitar un orfanato”.
No son sólo las visitas las que llaman mi atención. Existen organizaciones que promocionan voluntariados para ir a trabajar a los orfanatos camboyanos. El voluntario debe pagar hasta U$ 3000 dólares por mes. Me pregunto: ¿cuánta de esa plata le llega realmente al niño? Una de estas organizaciones se llama “Projects Abroad”. Pueden googlear el nombre y entrar a la página oficial y ver la cantidad de voluntariados alrededor del mundo para enseñar algún deporte, el cuidado de los caballos o el trabajo en orfanatos. Bastante variado diría yo. En Argentina hay un centro de voluntariado en Córdoba. En Camboya cada vez se abren más orfanatos, otra manera de hacer negocio con la buena voluntad y las ganas de cambiar el mundo de mucha gente inocente con dinero, a la que no le importa pagar para trabajar, con la ilusión de tener una experiencia más “real”en el país que visitan.
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Buda en Ankor Wat.
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En el río Mekong.