jueves, 10 de junio de 2010

Cartagena - Cali- Quito, todo de una vez.

Y zas!... Antes de que nos diéramos cuenta recorrimos toda Colombia y Ecuador. Apuramos esta parte del viaje y ya nos encontramos en Lima, Perú.

Como escribiéramos en otro artículo, estamos cansados. Empezamos el viaje sin límite de tiempo real, aunque lo comenzamos pensando en cuatro meses. Cuando íbamos terminando Brasil, a los tres meses de haber partido, asumimos que necesitaríamos seis meses para completar la vuelta a Sudamérica. Al salir de Brasil ya estábamos cansados, pero cruzar la frontera a Venezuela, cambiar de país, volver a hablar español, fue revitalizador, como empezar un viaje nuevo. Fue emocionante.

Pero el cansancio seguía allí. En esta mitad de Sudamérica, hay que decirlo, hay cosas que cansan. El regateo permanente, el acoso de los vendedores callejeros, viajar en ómnibus durante seis horas con cumbia, salsa o vallenato a volumen de discoteca, el tranporte urbano desorganizado, el caos en el tránsito, son cosas que, poco a poco, van agotando. Uno al principio las tolera o ignora, por la aventura del viaje, pero luego fastidian. No es que ninguna de esas cosas no sucedan en Argentina, pero quizás suceden menos, y, al sufrirlas tan lejos de casa y con cuatro meses de viaje a cuestas, se sufren más.

jueves, 3 de junio de 2010

Saliendo de Venezuela.

Saliendo.

De Mérida tomamos un ómnibus a Maracaibo. En la terminal misma subimos a un colectivo destartalado que nos llevaría a la frontera con Colombia. No llegó, palmó a mitad de camino.Nos devolvieron el proporcional del viaje faltante y subimos a otro micro destartalado que nos llevó al último pueblo venezolano, Filúo. Allí tuvimos una pequeña escena. El cruce se hace en taxi, que es caro y no nos espera para sellar pasaportes, cambiar dinero, etc. O se hace en camioneta, que es más conveniente. En las camionetas las mochilas debían viajar en el techo, bajo la lluvia, a lo que nos negamos. La escena fue Regi en la camioneta con la mochilona en el regazo y el chofer tirando de ellade un lado para bajarla, y Regi tirando del otro para quedársela. Cruzamos en taxi. Unas horas después nos ubicamos en un hotel en santa Marta.

Y se acabó de sacarle el traste a la jeringa. Ahí vamos con cómo vimos la Venezuela de Chávez.

Venezuela final.

Primero tenemos que hacer dos aclaraciones.