lunes, 24 de mayo de 2010

Mérida y Jají.

Para llegar a Mérida desde Caracas cometimos un error que terminó pagando muy bien. Tomamos el SITSSA socialista hacia Valera, pensando que de ahí a Mérida serían sólo dos horas más de viaje y que saldrían muchos servicios. Pero descubrimos que eran cinco horas de viaje y que sólo había un servicio. Claro, para llegar de ahí a Mérida había que cruzar montañas de hasta 2500 metros de altura por un camino de cornisa espectacular. El directo Caracas - Mérida toma una ruta diferente.

Mérida.

Ya en Mérida, César, nuestro contacto CS nos pasó a buscar por la terminal y nos presentó a Candi, su novia. Él es estudiante de historia del arte y vicepresidente de un centro de estudiantes opositor a Chávez, el Movimiento 13 de Marzo. Ella es maestra de preescolar y primer grado. Aquí ellos nos contaron, de primera mano, las historias que no aparecen ni en Telesur ni en ningún otro medio que apoye a este gobierno.

lunes, 17 de mayo de 2010

Caracas y Playa Colorada.

Cambiamos de país, cambiamos de costumbres comerciales. Como en otros países sudamericanos, pero a diferencia de Brasil y Argentina, las terminales son un pequeño caos bajo control relativo. Los pasajes se venden en los pasillos y plataformas por gente que grita los destinos al viento. Y Mengueche sabe lo que valen los pasajes de verdad. En las ventanillas de algunas empresas se exponen precios y horarios. En la ventanilla no hay nadie. "¿Dónde está el vendedor de La Guayanesa?"; gritando destinos en alguna parte de la terminal. "Bajito, moreno y de bigotes". Lo encontramos. Nos vende el pasaje a diez bolívares más caro que lo que dice el cartel en la ventanilla de la empresa. "Es que aumentó". Discutimos. No le compramos. Nos pasamos cuatro horas esperando para otra compañía. El pasaje lo venden sólo una hora antes de la salida del micro, cuando llega el empleado. Con nostros viaja un hombre que compró en La Guayanesa y se quedó abajo en la puerta del ómnibus por sobreventa de pasajes. Finalmente viajamos.

lunes, 10 de mayo de 2010

Primer día en Venezuela.

Santa Elena de Uairén.

Primer pueblo venezolano que nos recibe con bastante movimiento en su plaza principal, (que no puede llamarse de otra manera que) Plaza Bolívar, y en los negocios mayoristas donde los brasileros cruzan la frontera para hacer sus compras. Empezamos a aliviarnos al ver los precios venezolanos, más por el alojamiento y transporte que por la comida.

Dimos una vuelta por el pueblo y nos fuimos a dormir.

viernes, 7 de mayo de 2010

Terminando Brasil.

La última parte de nuestros casi tres meses en Brasil fue, digamos... complicada.

El viaje en barco de Belem a Santarem, que fue bastante tranquilo y disfrutado, no tuvo un buen correlato para el tramo Santarem - Manaos. Empezamos con una mala ubicación a bordo. La cubierta de pasajeros estaba llena, así que tuvimos que ubicarnos con las hamacas en la cubierta superior, donde funciona el bar. Eso nos valió escuchar música brasileña popular (forró y otros, bastante cercano a nuestra cumbia) a volumen discoteca de la mañana a la noche. Más que el escape de los motores del barco era fuerte y cercano. Como resultado teníamos que gritar para hablar.

Como condimento de eso, el segundo día una banda de seis o siete borrachos se tomó, antes de llegar al mediodía, dos litros de whiskey, dos litros de Campari y abundante cerveza. Por suerte, junto a Cristian y Suárez pudimos acomodar una mesa más alejada y disfrutar las tardes jugando juegos de ingenio (el tano la rompió jugando en español, admirable) y aprendiendo nudos marineros de la mano de Fabi.

martes, 4 de mayo de 2010

Alter do Chão y nuestra gran experiencia en la jungla.

Alter

Como dijimos en nuestra última entrega, llegamos a Santarem, que no nos gustó, comprobamos que estábamos cansados de las grandes ciudades y partimos para un pueblo vecino.

Alter do Chão es el pueblo al que todos los viajeros huyen tan pronto pisan Santarem. Sus calles de tierra, su plaza central con artesanías y las playas sobre el Río Tapajós la hacen un pequeño paraíso tropical en el Amazonas.

Una cosa buena del Tapajós es que es un río "negro", sus aguas son ácidas, por lo tanto no crecen mosquitos en sus aguas. Así que si bien algún mosquito anduvo por acá y allá y usamos repelente, nos sentimos más cómodos con respecto a la malaria.